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© 2015 ELS FILMS DE LA RAMBLA S.A. ||  VENTURA PONS

 

Una joven estudiante de teatro entrevista a tres grandes actrices: una diva internacional, una estrella de televisión y una directora de doblaje, y descubre en sus recuerdos las grandezas y miserias del teatro: toda una metáfora de la vida.

VENTURA PONS

1996
ACTRICES
ACTRICES

Una joven estudiante de teatro entrevista a tres grandes actrices: una diva internacional, una estrella de televisión y una directora de doblaje, y descubre en sus recuerdos las grandezas y miserias del teatro: toda una metáfora de la vida.

 
ACTRICES
VO/

MAKING OF (ENG. SUBT.)

 
ACTRICES

LA MIRADA LIBRE

Extracto del libro de Anabel Campo Vidal

             

Cada película te lleva a la siguiente y se convierte en una consecuencia de la anterior. Después de la densidad de quince historias, con sus variaciones narrativas, el cuerpo me pedía una película intimista con pocos actores y decorados, muy diferente de la anterior. Un trabajo cerrado, concentrado. Otro tipo de propuesta que me apasiona. Recurrí por primera vez a un texto teatral, “E. R.” de Josep Maria Benet i Jornet, estrenado en el Teatre Lliure, que lo transformé en Actrius. Me sirvió para zambullirme en un mundo que estimo y adoro: el teatro y la profesión del actor, en este caso el de las actrices. Poder hablar del teatro y del teatro como metáfora de la vida.

 

Me apeteció conservar la estructura de los actos teatrales, evidentemente condensando el texto original, para potenciar la esencia de la obra. Una batalla entre dos mundos enfrentados, el de quien sirve a la colectividad con su trabajo y el de quien lo utiliza exclusivamente para sus propios fines e intereses. Y en medio, un testigo casi mudo, una escenificación de los que, por una u otra razón, no tienen derecho ni a voz ni a voto. También es una encuesta, una forma de arañar en la memoria, en los grandes mitos de la juventud. Tan importante es lo que cuentan como lo que intuimos que flota en la mente de las tres antiguas estudiantes: la continua presencia de Ribera, la diva; de Ana, la compañera desaparecida, y de Ifigenia. Apasionante. Temáticamente, me interesaba mucho y me permitía montar un ejercicio estilístico “piano, piano” cuidadoso, meticuloso. Esta película no tiene nada que ver con El perquè..., pero sin ella no se entiende, y yo soy el mismo en las dos. Yo me noto en ambas y me parece que se encuentra mi mirada tanto en una como en otra.

 

Lo más difícil era crear aquellas mujeres tan potentes. Trabajo atractivo, porque la base literaria era excepcional, Benet es un maestro en la creación de personajes densos y maravillosos, pero hay que vigilar su excelsa complejidad dramática. Y luego la dificultad de cohesionar unos personajes que no se ven, pero que acaban siendo la clave de referencia entre todas ellas. Esos fantasmas alrededor de nuestras vidas; gente que nos acompañará siempre a pesar de su ausencia. Actrius se rodó con cuatro actrices impresionantes, que me brindaron un trabajo de una intensidad tal que dentro de unos años, cuando se quiera saber quiénes eran ellas, habrá que recurrir obligatoriamente a esta película, porque son cuatro lecciones de interpretación de primerísima categoría. Pusieron su talento en mis manos, al servicio de mi película, confiaron en mí y me parece que no se han arrepentido. Son todas ellas, a excepción de Mercè Pons, que encarna a la estudiante, actrices y directoras de teatro que saben de la disciplina de la composición interior. Quizás Núria Espert fue la más difícil, porque llevaba veintiún años apartada del cine, por malas experiencias pasadas, y al principio, le costó confiar interiormente en el proyecto, pero envuelta en la ceremonia del rodaje (Sardà ayudó mucho, siempre se lo agradeceremos), fue entrando en el clima requerido y el resultado fue espléndido. Hay momentos de Núria que te transportan, parece que esté en trance. Con el personaje de la Sardà tampoco lo teníamos fácil. En cierta manera, Benet había introducido algún rasgo que tenía algo que ver con ella y eso hacía la interpretación mucho más difícil. Pero es una actriz como ninguna otra, capaz de pasar de la emoción que le produce la lectura de las palabras de Ifigenia a la lucidez de la crítica interpretativa: final de la secuencia de su casa. Y para rematar el trío, los silencios de Anna Lizarán al acecho de asaltar a sus humillantes y prepotentes amigas. ¡Cómo expresa el desencanto y el resentimiento que lleva acumulado en su interior al final de la cena en el jardín! Y la Pons, tan precisa, acumulando encuesta y testimonio del mundo que ambiciona alcanzar. ¡Vaya disfrute nos pegamos todo el equipo en el rodaje y vaya regalo para el espectador!

 

Desgraciadamente, la película con los años tan mitifficada, no tuvo mucho público. Y se entiende, porque los que van al cine son mayoritariamente jóvenes. ¿Quién se ha encargado de hacerles comprender o gozar con una historia de unas actrices mayores, de teatro, alrededor de la memoria, del sentido de la vida y del trabajo? Entiendo que no entren en este juego, nadie se ha preocupado de alimentarles culturalmente para ello, pero a mí, que quizás vengo de otro mundo, me interesaba enormemente.

 

En mis películas me gusta apostar por un tipo de historias de base más bien humanista aunque sé, de antemano, que pierdo la posibilidad de obtener un público masivo. Como narrador me atrae más el lado humanista de los personajes que el dictado de los cánones materialistas que mandan en el mundo contemporáneo. Si todos nos dejamos arrastrar por una carrera en la que manda la competitividad, la inmediatez del éxito por el éxito, dejaremos al margen los valores del hombre, las cuatro cosas por las cuales vale la pena vivir. Es una actitud que quizás no está de moda pero me parece que vale la pena intentar rescatar historias relacionadas con el valor ínttimo de los personajes inmersos en sus contradicciones y en sus luchas. Pienso que en la vida, como mínimo, tenemos el derecho de expresarnos y de luchar por nuestros ideales, y esto comporta una actitud ante el cine que se refleja en unas temáticas, como la que se aborda en esta película, que pueden ser menos rentables pero que nos afectan, que gozamos explicándolas y, básicamente, tienen sentido. Allí quedarán.

 

Con esta película empiezo a hacer un cine con el que obtengo muy buenas críticas, pero a costa de ir perdiendo público. Mi relación con este tipo de trabajos cada vez me interesa más, me importa que lo que hago tenga un sentido, que sea el fruto lógico, razonable y honesto de mi pasión por el cine de “contenido”. Actrius ganó unos cuantos premios y se vio en muchos festivales de cine. Con la Sardà hemos visto la reacción del público caribeño (Cartagena de Indias y La Habana) y del chino (sí, viajamos a Shangai). Se ha estrenado en algunos países, siempre de una forma modesta, en cines de lo que antes llamábamos arte y ensayo, que me ayudan a irme posicionando en el mundo, de forma que, si algún día tengo algún gran éxito, me conozcan más o menos. Una labor larga y paciente.

 

Ventura Pons

 

 

 
ACTRICES

 

DIRECCIÓN y PRODUCCIÓN

VENTURA PONS

 

GUIÓN

VENTURA PONS y J.M. BENET I JORNET

 

basado en "E.R." de Josep Maria Benet y Jornet

 

DIRECTOR DE PRODUCCIÓN

XAVIER BASTÉ

 

MÚSICA

CARLES CASES

 

FOTOGRAFIA

TOMÀS PLADEVALL

 

MONTAJE

PERE ABADAL

 

ART DIRECTOR

ROSA ROS

 

SONIDO

BORIS S. ZAPATA

 

Una producción de Els Films de la Rambla, S.A. con la participación de Televisión Española, S.A. y Canal Plus.

 

 
ACTRICES
 
ACTRICES

Cartagena de Indias (Colombia)

Montreal y Vancouver (Canadá)

Shanghai y Pekin (China)

Seattle, Chicago, Cleveland, Puerto Rico, AC/Los Angeles y LC/New York (USA)

Stockholm (Suecia)

Luxembourg (Luxembourg)

Espoo (Finlandia)

Dijon, Amiens y Annecy (Francia)

London, Cork y Manchester (UK)

La Habana (Cuba)

Milano y Roma (Italia)

Buenos Aires (Argentina)

Tesalónica (Grecia)

Estambul (Turquia)

Caracas (Venezuela)

Tel-Aviv, Haifa y Jerusalem (Israel)

Varsovia (Polonia)

Belgrado (Serbia)

Valdivia (Chile)

Porto (Portugal)

Bruselas (Bélgica)

Montevideo (Uruguay)

Huesca, Sitges, Valencia, San Sebastián y Cádiz (España)

México D.F. (México)

Viena (Austria)

Zúrich (Suiza)

Zagreb (Croacia)

Leipzig (Alemania)

Instituto Cervantes (Argelia)

 

Premios:

Premio Especial del Jurado y Premio al Mejor Guión (Cartagena de Indias).

Nominaciones Goya 96: Ventura Pons y J. M. Benet i Jornet (Guión adaptado)

 

 

 

 

 
ACTRICES

1. DAMAS DEL TEATRO"

 

E.R." es una de las mejores comedias de Benet i Jornet; "Actrius", basada en ese texto doblemente teatral, es, sin duda, la mejor película de Ventura Pons. También doblemente: porque es una obra de madurez, que el director filma con tanta serenidad como elegancia, y porque Ventura es (ha sido siempre) un hombre de teatro, que ama sin mesura ese universo apasionante y contradictorio donde conviven, de modo inextricable, arte, terror y exhibicionismo.

 

A primera vista, "Actrius" puede recordarnos a "Eva al desnudo". Hay una joven aspirante a actriz que quiere conseguir el papel protagonista de una función sobre la vida y milagros de la gran Empar Ribera, tan mítica como apócrifa, y acude a sus discípulas predilectas - Glòria Marc, una diva internacional; Assumpta Roca, una pantera domesticada por la televisión, y María Caminal, una exiliada en las salas de doblaje - en busca de información y de "algo más", ese "algo más" que constituye la esencia de la película... y del teatro. Pero mientras en "Eva al desnudo" diversos narradores cuentan fragmentos sucesivos de una misma historia, "Actrius" (para no apearnos de Mankiewicz) estaría más cerca de "Carta a tres esposas", donde una misma historia se nos narra desde tres ángulos distintos, al principio opuestos y al final complementarios.

 

Como un "Follies" minimalista, sin canciones pero con pareja acidez, "Actrius" es, simultáneamente, la crónica de unas ilusiones perdidas y el relato (mucho más complejo de lo que su tersa superficie sugiere) de una inoculación vampírica: El veneno del teatro para soportar el veneno de la vida. "Actrius" es una comedia amarga, divertidísima y (rara avis, tanto en nuestro teatro como en nuestro cine), profundamente adulta; una pieza mayor de uno de nuestros mayores dramaturgos, y un regalo. Un regalo que Ventura Pons se ha hecho a sí mismo y al público adulto, ese público que cambiará gustoso la habitual tonelada de efectos especiales por una espléndida historia de cuatro personajes y cuatro interpretaciones superlativas. Nuria Espert, Rosa Maria Sardà, Anna Lizarán y Mercè Pons, ultraconscientes del bocado ofrecido y soberbiamente dirigidas, corren aquí un "cross-country" de intensidades y llegan a la meta con milímetros de diferencia.

 

No cuesta profetizar todos los premios del año para el equipo actoral de "Actrius", jugando (y jugándosela: el equilibrio entre sublimidad y ridículo de la Espert, la pasión bajo el cinismo de la Sardà, la sabiduría terminal de la Lizarán, el viaje de la inocencia al conocimiento de Mercè Pons) mano a mano y mirada con mirada en la Gran Liga de las Grandes Actrices.

Marcos Ordoñez

MADE IN HEAVEN

 

Ultimament, el crític cinematogràfic s'ha vist en la freqüent obligació de reflexionar entorn dels processos d'osmosi creativa establerts entre el teatre i el cinema: títols com American Buffalo, Looking for Richard i El perro del hortelano han reivindicat -amb molt diversa fortuna i des de plantejaments conceptuals gairebé antitètics- la legitimitat de donar vida cinematogràfica a un text nascut per a la representació -puntual, única- sobre l'escenari del teatre.

 

El cinema, rumiava aquest crític amb l'excusa de la modèlica American Buffalo, pot permetre al teatre una il.lusió d'eternitat: una cambra d'hivernació sofisticadíssima on pot quedar registrada -viva- la representació ideal d'una peça que, per la seva pròpia naturalesa, estaria suspesa en els llimbs fins que un nou muntatge teatral -i per tant, efímer- decidís reanimar-la.

 

Ara, Actrius, última pel.lícula de Ventura Pons -i indiscutible peça mestra de la seva filmografia- li dóna un valor afegit a aquesta manera d'entendre el maridatge entre cinema i teatre: E.R. no té ja el millor repartiment possible, sinó, directament, el material humà en cru -les dives mitològiques de verb emmetzinat en carn i ossos, sense trampa ni cartró- que va servir d'evident inspiració al dramaturg.

 

Núria Espert i Rosa Maria Sardà, deixant-s'hi la pell, en el pressing catch de les seves vides, coronen un repartiment -que es completa (i com!) amb Anna Lizaran i Mercè Pons- que s'ajusta sense cap marge d'exageració al qualificatiu de somniat.

 

El perquè de tot plegat va descobrir un nou Ventura Pons que, tot i nedar a la contra de la vocació de frivolitat de les seves comèdies anteriors, encara es trobava lluny de la intel.ligència en funcionament que ha portat E.R. a les pantalles. En l'adaptació dels relats de Monzó, l'esforç per acompassar resgistres formals a la frondositat de continguts temps derivava, sovint, cap a la filigrana innecessària -penso, per exemple, en una aplaudidíssima escena capturada en travelling circular-: El perquè de tot plegat trobava els seus millors moments quan el Ventura Pons més lúdic desapareixia rere la càmera per deixar l'espectador, indefens, enfront la veu i l'autoritat actoral de dues feres de l'altura de Rosa Novell i Anna Lizaran.

 

Els seus respectius monòlegs, transcripcions fidelíssimes de l'ànima monzoniana -i austera- dels originals quedaven, així, com els moments en què el procés alquímic de Ventura Pons -consistent a fer carn (cinematogràfica) la lletra (impresa)- arribava a una millor sintonia amb les fonts d'inspiració.

 

Conscient de les virtuts de la invisibilitat, Ventura Pons ha transformat E.R. en una peça de puríssim cinema anomenada Actrius fent servir un plantejament estètic pròxim al d'aquells dos monòlegs: el cineasta desapareix -o, més aviat, sembla que ho faci- per privilegiar les veus i el gest de les feres engabiades dins del mil.limètric infern concebut per Benet i Jornet. Actrius fa que E.R. arribi a l'espectador -a l'espectador que, com aquest crític, tingui la primera presa de contacte amb el text a través de la pel.lícula- de la manera més directa (frontal) possible, sense filtres formals, sense interferències.

 

Però l'aparent invisibilitat de la posada en escena d'Actrius té poc a veure amb la mansa aplicació de l'impostador de veus: les subtilíssimes explosions d'èmfasi visual que, per exemple, rematen l'escena de la trasfiguració de Núria Espert -convertint la platea del cinema en la platea del teatre que, anys enrere va veure el seu bateig com a Ifigènia-, així ho demostren.

 

E.R., com ja haurà tingut ocasió de comprovar tot aficionat al teatre, és una obra amb tanta teca conceptual que reduir-la a una mera sinopsi és gairebé un pecat: E.R.-i Actrius- documenta les entrevistes d'un cadell de diva (Mercè Pons, matrícula d'honor en el repte més aspre de la seva carrera) amb les tres bruixes macbethianes (Espert, Sardà, Lizaran) que vetllen un dels secrets més ben guardats del teatre català: la vida i el misteri d'un monstre sagrat de l'escena que els va fer de mentira.

 

La utiització de la figura d'Ifigènia com un proteic correlat de l'acció -sacrifici en nom del bé comú, vida apagada abans d'hora, innocència susceptible de transcendir en monstruositat- és un dels saborosos valors afegits a aquest autèntic banquet de verins destil.lats estructurat com a lucidíssim tríptic de renúncies vitals.

 

No és Eva al desnudo, no és Damas del teatro, és senzillament, Actrius, el millor treball d'un cineasta disposat a preservar de l'erosió del temps el millor treball d'un dramaturg en estat de gràcia. Per fi, una pel.lícula catalana que pot anar pel món amb la cara ben alta.

Jordi Costa

Avui

¡QUÉ SEÑORAS!

 

La respuesta es esta espléndida adaptación de E.R., la obra con la que Benet i Jornet ganó el Nacional de Teatro hace un par de años; una honesta, sutil e inteligente, contenida aunque hondamente dramática peripecia de cuatro mujeres, tres actrices veteranas y una aspirante a serlo; un impresionante duelo interpretativo entre tres de las que, efectivamente, se cuentan entre las pocas divas de la escena catalana (y española) y una de las candidatas mejor situadas para sucederlas. Una obra con la que, lejos de la modestia que anuncia su trailer ("una obra de Benet i Jornet puesta en imágenes por Ventura Pons") el cineasta borda un discurso visual muy personal, sin renuncias a la teatralidad, pero con un empleo inteligente y persuasivo de las herramientas cinematográficas.

 

Construir recuerdos

 

Muchos son los temas que E.R., y obviamente también Actrices, aborda. La amistad, los sueños juveniles frente al inexorable paso del tiempo, la enfermedad, la ambición y el amor al teatro; pero sobre todas las cosas, la muerte y la forma en que se construyen los recuerdos, la engañosa pervivencia de la memoria; y la consistente sospecha de que la tradición escénica catalana se ha construido sobre oquedades y silencios, medias verdades y recuerdos celosamente secuestrados por la memoria personal.

 

La riqueza textual de Actrices nace de multitud de referencias sin las cuales el filme se aguanta bien, pero que si son conocidas proporcionan todavía más jugosas posiblidades de disfrute. Unos personajes construidos con retazos de las propias trayectorias artísticas - y por ende, públicas- de las protagonistas, sobre todo las dos presentes (Espert y Sardà) y la ausente, esa Empar Ribera que se parece a Margarida Xirgu; fragmentos de otras existencias que amalgaman a la tercera, la dobladora que encarna la gran Anna Lizaran, nunca mejor en cine que aquí; y ecos, a veces falsos, de otras obras, como Eva al desnudo, película a la que parece emular en principio, pero de la cual se aparta deliberadamente, conjugan una materia dramática de envidable solidez. Una materia que contiene además excepcionales ocasiones de lucimiento para sus intérpretes, a quienes Pons mima y de quienes obtiene la más impresionante actuación del cine catalán en muchos años.

 

Dos secuencias ilustran a la perfección no sólo la hondura y la inteligencia de la construcción dramática del filme, sino la profunda sapiencia teatral de sus responsables. La joven Mercè Pons (ahí es nada aguantar el tipo frete a los monstruos con los que comparte el encuadre: chapeau para ella) intenta documentarse sobre la Ribera con sus discípulas. Ambas, la Espert y la Sardà, por separado, le hacen leer un fragmento de Ifigenia en Aulide y le dan su particular versión sobre el personaje, que es también su visión sobre la vida en general y la profunda justificación de sus propias opciones vitales. Lo que Espert y, sobre todo, Sardà hacen con este fragmento se puede incluir, lisa y llanamete, en una antología de los mejores momentos de nuestro cine, la gloriosa confirmación de un talento que, él sí, justifica toda una existencia.

 

M. Torreiro

El País

 ¡Un, dos, tres, la diva... serás tú! Es en todo caso el sueño de una joven novel que, para prepararse mejor a encarnar el papel de una gran actriz, intenta reconstituir el puzzle de su vida. Entrevistándose con un trío de amigas que siguieron las enseñanzas de la gran actriz, hace resurgir un pasado cargado de rencores et de amargura... Entre bastidores, el teatro visto por Ventura Pons toma aires de juego de masacre, donde se sacrifican en el altar de la gloria las más sólidas amistades. El balance es amargo, mordaz como la réplica final de una tragedia. En la línea de esa cena de celebración del reencuentro entre amigas de antaño, que vira al ajuste de cuentas: el realizador evita hábilmente el escollo del teatro filmado y cerca de un rostro a otro el miedo a la soledad como la nostalgia de una inocencia perdida. Puntuado de carcajadas y de emociones captadas al vuelo (la lucidez dolorosa de María, atrincherada en el anonimato), el guión hace prueba de una gran fineza en el retrato psicológico de sus heroínas. Y revela a tres actrices de alto vuelo, con un flechazo por Anna Lizaran, conmovedora de retención frente al desenfreno verbal de sus compañeras. ¡Una película que lleva magníficamente su título!En dos palabras: Una brillante reflexión sobre el despiadado universo del teatro, servida por un reparto notable.

Phililipe Paumier

Cine Lire

FASCINANTE JUEGO DE ESPEJOS

 

El año pasado, El porqué de las cosas del cineasta catalán Ventura Pons, conseguió la hazaña de encontrarse con el público de Montreal, contra los vientos y mareas de Hollywood. Actrices, del mismo realizador, pertenece a esa categoría de películas superiores, de las que, por su construcción, su fuerza dramática, su ritmo y su interpretación, nos dejan sin respiración y con una lágrima en los ojos. Una lágrima de felicidad, que viene a saludar la adecuación perfecta entre el rigor artístico y la emoción transportada por estos careos de actrices, y que nos invita a creer que si con El porqué de las cosas, aunque desigual, la cita con el público era posible, con Actrices, es absolutamente necesaria.

 

Retrato de actrices, teatro de la desilusión, maquillaje de la memoria, Actrices escapa de las etiquetas. La película consta de ocho fragmentos, y en el centro, el encuentro sucesivo de una joven actriz (Mercè Pons) con tres compañeras que han trazado su carrera de maneras muy diferentes: la primera en la escena (Núria Espert), donde numerosos papeles trágicos han hecho de ella una pasionaria; la segunda en la televisión (Rosa Maria Sardà), que la ha convertido en una mujer rica y popular; por fin, la tercera (Anna Lizaran), retraída en el anonimato de los estudios de doblaje. Las tres son amigas de conservatorio, las tres han tenido como profesor una actriz pasada a leyenda. A lo largo de sus encuentros cara a cara con la joven actriz que las cuestiona acerca de su maestra, los secretos, las mentiras y los rencores salen a la superficie.

 

Creada por primera vez en la escena, esta obra del dramaturgo Josep Maria Benet i Jornet, también coguionista, toma la forma simétrica de una película en ocho cuadros, rodados en estudio, en unos decorados que reflejan la personalidad de cada una de las actrices. El tono de estos cuadros varía igualmente, pasando de la exaltación dramática de la actriz de teatro a la comedia nerviosa de la estrella de televisión, y luego al diálogo sin acción física de la directora de doblaje. Estos tres momentos, estos tres relatos de un recuerdo, encajan como unas muñecas rusas, sujetas sin embargo a algunas variaciones que tienen menos que ver con la Verdad que con la percepción de las tres mujeres. Este fascinante juego de espejos y de puesta en abismo (la leyenda de Ifigenia sirve aquí de metáfora a su historia común), Ventura Pons lo explota con inteligencia y sensibilidad, sin que la tesis asfixie la historia, sin que las intenciones ahoguen la emoción.

 

La propuesta formal está extremadamente calculada, peinada, es muy artificial, con la diferencia de que estos defectos, que reprochamos a tantas películas, se convierten aquí en qualidades. Porque revelan, por efecto de contraste, la humanidad de esas mujeres fuertes y frágiles al mismo tiempo, como lo hizo Alain Resnais en Mélo. Los decorados estáticos, suavizados con el calor de una luz ocre, anaranjada y rosada, son recorridos por unos personajes que revelan, bajo un fino barniz de clichés, una verdadera profundidad psicológica. Exceptuando el personaje de la joven actriz, simplemente dibujado para ofrecer el espejo, los tres otros están construídos por unas actrices de gran talento, que han matizado unos personajes que habrían podido quedarse en los límites confortables de una fuerte tipología. Las tres trascienden de la superficie, encontrando sin duda en ellas los ecos de una realidad que es la suya, y que da su singularidad a cada una de estas actrices que esta obra bella y fuerte nos invita a conocer.

Martin Bilodeau

Devoir

DAMAS Y DRAMAS DEL TEATRO

 

Se ha hablado mucho de Eva al desnudo al comentar esta película, sobre todo por lo de la actriz joven que suspira por un gran papel. Marcos Ordóñez ha comentado su mayor proximidad a Carta a tres esposas, "donde una misma historia se nos narra desde tres ángulos distintos, al principio opuestos y al final completamentarios". Actrius es un canto de amor al teatro con protagonismo femenino, y en su corazón palpita la pasión, la fascinación por el arte escénico y por las grandes divas y las meras promesas, como en Damas del teatro. Aunque hay cuatro protagonistas tangibles, una quinta, la mítica Empar Ribera (esto es, E.R., título de la obra de Benet i Jornet, un texto brillantísimo, pluscuamperfecto), se hace igualmente con la función: su carismática personalidad es objeto de búsqueda, investigación y entrevistas, como el personaje central de Ciudadano Kane: un fantasma del pasado omnipresente a lo largo de todo el recorrido, como la Rebeca de Rebeca.

 

Mankiewicz, La Cava, Welles y Hitchcock han comparecido en las referencias de una película que nada tiene que ver con estos maestros, excepto en que, como sus películas, Actrius rebosa gran cine, cine puro. Actrius tiene todos los elementos que conforman una obra maestra: la solidez de un texto fuera de serie, extraordinariamente estructurado y dialogado con mano maestra; un director, Ventura Pons, con auténtica alma de teatro y verdadero corazón de cine, apto, pues, para dar lenguaje específicamente cinematográfico a un argumento en el que parevalecen los diálogos y las escenas largas (su puesta en escena tiene el toque de distinción, la elegancia, de los mejores sketches de El perquè de tot plegat: en una palabra, estilo, al que contribuye una estilizada, soberbia fotografía de Pladevall); cuatro actrices como la copa de un pino, cada una de ellas conscientes de poder ser "comida" por cualquiera de las otras tres o por todas ellas a la vez y, por tanto, entregadas a dar lo mejor de sí mismas, a dejar la piel sobre el set: ni un sólo registro, ni un parpadeo de Espert, Sardà, Lizaran o Pons es banal ¡Monstruosas! Y un tema, un Gran Tema en Actrius: nada menos que la Vida, en mayúsculas, a traves de una profesión por la que deslizan la amistad y la envidia, la fortuna y el fracaso, el éxito y la frustración. Las ilusiones desvanecidas pero prestas a resurgir siempre, tal es la energética fuerza que las alimenta. Una película inagotable, para ver y degustar más de una vez.

Jordi Batlle

Caminal

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