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© 2015 ELS FILMS DE LA RAMBLA S.A. ||  VENTURA PONS

 

Un dels grans èxits del cinema català, una pel.lícula fresca descarada i molt divertida sobre el dret a la diferència sexual.

VENTURA PONS

1981
EL VICARI D'OLOT
EL VICARI D'OLOT

En un petit poble de Catalunya, aprofiten la visita d'una autoritat eclesiàstica, en període de vacances, per a organitzar unes jornades sobre el tema de la religió i el sexe en l'actualidat. Això provoca que el poble es divideixi en dos bàndols, els que estan a favor i els que estan en contra del "Congrés", fins que finalment després d'una sèrie de negociacions entre ambdós bàndols, s'arriba al consens. Una sèrie de personatges típics del poble portaran al feliç final la història, a través de diverses situacions de caire còmic i satíric.

 
EL VICARI D'OLOT
VO/
EL VICARI D'OLOT
VO/
 
EL VICARI D'OLOT

 

LA MIRADA LIBRE

Extracte del llibre d’Anabel Campo Vidal

 

A pesar del tremendo éxito artístico y también comercial de Ocaña, nadie me llamó para ofrecerme trabajo en el cine. En la euforia de la noche de la presentación en el Festival de Cannes, cenando con Bigas Luna, que había presentado su “Bilbao” en la Quinzaine, Marco Ferreri, nos pintó muy guapa su intención de promocionarnos, y la cosa quedó ahí, en esa resaca del éxito festivalero. Pero yo, interiormente, me negaba a que mi carrera cinematográfica fuera lo que en teatro se llama “de una noche y basta”. Por un tiempo pensé que en la profesión me veían como un documentalista y, por tanto, que no servía para hacer ficción. Ahí tuve muy claro que si había hecho un éxito artístico, necesitaba hacer un éxito industrial.

 

Estaba decidido a hacer una película buscando todo lo contrario que había en Ocaña. En lugar de un documento, tenía que ser ficción. En lugar de un solo personaje, una película coral. Si Ocaña era triste e intimista, ahora haría una comedia alegre y extrovertida. Había que dar la vuelta a todo, para demostrar en qué campos me podía mover y, también, porque me divertía cambiar. Si hay alguna cosa clara en mi carrera es que jamás me ha gustado repetirme, siempre he buscado la sorpresa, la novedad para mí mismo y para el espectador.

 

Le propuse a Emili Teixidor que empezara a trabajar. Él tuvo la idea de El vicari d’Olot, una comedia aparentemente sencilla e intrascendente y muy divertida pero algo anárquica, con una carga de profundidad, perversa en la época, respecto a la libertad sexual y a la defensa de otras opciones sexuales. Un cura virgen, católico, apostólico y romano que es seducido por un/a transexual acaba comprendiendo a todas las “distintas” ovejas descarriadas del rebaño. Además su tío, un monseñor de la curia romana, las bendice, ya que según la Biblia (de donde debió de sacarlo el bueno de Billy Wilder) “la perfección no es de este mundo”. Creo que uno de los méritos de esa película es haber conseguido que un tema provocador se convirtiera en un éxito popular. Tanto, que incluso las tías marías fueron a divertirse con lo que era “pecado”. Hace mucho que no la he visto; tengo el recuerdo de una primera parte con mucho brío y de un final poco contundente.

 

En El vicari d’Olot embarqué a mucha gente. Muchos actores y cantantes, grandes nombres amigos y compañeros de años de aventuras teatrales: Enric Majó, Rosa Maria Sardà, Joan Monleón, Fernando Guillén, Mary Santpere, Núria Feliu, Maria Aurèlia Capmany y tantos más aceptaron cobrar una parte del sueldo en dinero, y la otra, con una participación. También algunos técnicos se apuntaron a esta fórmula, entraron las dos cooperativas de producción de cine, la de Comisiones Obreras y la de la CNT. Y después de haber embarcado a tantos actores, quince días antes de hacer la película, me llaman Forn y Josep Lluís Galvarriato, los productores, y me dicen que no podemos empezar porque falta un 30% de financiación. En aquel momento tenía cuatro chavos en el banco, pero me sentía responsable de todo y vi tan claro que no podía pararlo que les dije que me quedaría con los últimos pagos demorados hasta después del estreno. Pensé que ya saldría como pudiera. Yo tenía mucha confianza en lo que hacía y, si no salía de aquélla, me iría a vivir debajo de un puente o no trabajaría nunca más en cine. Era muy difícil tirar adelante una película. Entonces no había subvenciones, todo eso vino más tarde, con la famosa ley de Pilar Miró. Cuando empezamos a rodar El vicari d’Olot descubrí de verdad el cine. Yo he aprendido la técnica sobre la marcha. Con los maquinistas, los eléctricos, el ayudante de dirección, la script, los montadores... Ahí empecé a descubrir y a disfrutar la mentira del cine y me enamoré absolutamente de la ficción. ¡La ficción, qué placer! El rodaje fue apasionante, y yo estaba muy tranquilo porque trabajaba con actores. Quizás, lo que acobarda más a un director en su primera película, aparte de dónde plantar la cámara, es el trabajo con los actores, pero a mí no me asustaba, porque partía de la experiencia del teatro. Me preocupaba mucho más la técnica.

 

Ésta fue, otra vez, una película en la que el éxito superó las previsiones. Tuve una suerte brutal. El día del estreno fuimos con Enric Majó a la sesión de las cuatro de la tarde del Novedades, una de las salas más grandes de Barcelona, y, diez minutos después de que empezara la película, entramos en el cine. No nos lo podíamos creer. La platea estaba abarrotada. Nos esperamos en el bar de enfrente, escondidos tras unos arbustos, y vimos cómo la gente salía de una sesión y cómo entraban los de la siguiente. Fue un día triunfal. Un momento único: era la primera película de la Sardà y de Majó, entonces una gran estrella. Todo influyó para que funcionara. En Cataluña fue un bombazo, excepto en Badalona, porque el empresario del cine decía que sólo se veían películas en castellano y presionó tanto para que se pasara doblada que fue el único sitio en el que se pinchó. Lo que indica claramente que existe la credibilidad del producto y está en su verdad, que es la versión original. Y también que el público no se deja engañar por los muchos mercaderes o falsos empresarios que pretenden monopolizar e influir en sus gustos y costumbres, interponiéndose entre nuestro trabajo y los espectadores.

 

Tardamos tres meses en llevarla a Madrid, y, viniendo de ese éxito tan grande, estrenamos por todo lo alto en el Lope de Vega, en la Gran Vía. El estreno con más glamour que he hecho nunca en Madrid. Vino todo el tout: Núria Espert, Paco Rabal, Carmen Maura, Nadiuska, Massiel, Paco Umbral, Juan Diego, Victoria Abril, Assumpta Serna, María Asquerino, María Luisa Ponte... Un lujazo. Pero nadie se rió. La pasamos doblada al castellano y no gustó nada. Al salir del cine ninguno de mis amigos se quedó para decirme nada: ni pío. Fue un fracaso total y absoluto. Veníamos tan confiados del éxito de Cataluña que aquello nos pareció otro mundo. Si en aquel momento me hubieran pinchado no me habrían sacado sangre. Incomprensible, pero es así, en el resto de España no pasó nada; al revés, cero patatero. Fue el primer jarro de agua fría de mi vida. Estoy seguro de que la gente vino con buena intención, pero no conectaron. En esos momentos te preguntas: ¿tan diferentes somos los unos de los otros? Yo hablaba desde mi cultura, mi entorno, mi sensibilidad, mi sentido del humor... pero presenté mi producto doblado, adulterado, con toda la falsedad que implica ese acto contra natura en el que se priva al film de su sonido directo, o sea de una parte importante de su verdad. No quiero decir que en su versión original habría gustado, pero al menos habría podido enseñar una verdad que las costumbres de los distribuidores y exhibidores de la época no me permitían. Me vi venir una larga travesía del desierto hasta que pudiera mostrar las películas tal como son, en versión original. Yo no quería renunciar a mi cultura. Me parecía ridículo y estúpido que me impusieran un doblaje obligado para comunicarme, que no me apetecía y que iba en contra de mi deseo, de mi libertad como director. La travesía del desierto, la desesperación, iban a durar cinco películas más.

 

Hasta mi siguiente rodaje pasaron cinco años. Entendí que para poder trabajar con libertad e independencia y para poder hacer mis proyectos tenía que montar mi propia productora, porque si no tenía que estar pendiente del criterio de personas que ni me entendían como director ni tampoco tenían una base industrial demasiado sólida y que, en el fondo, jugaban conmigo y con otros pardillos como yo. Sabía que me supondría más trabajo, pero que valía la pena arriesgarse. Al fin y al cabo, en la historia del cine, el director-productor es una figura que siempre ha existido y existirá. Un director necesita de la complicidad del productor, que entienda su trabajo, y si no lo encuentra no hay nada extraño en que asuma esa función. Si los grandes –Chaplin, Griffith, Lubitsch... incluso Spielberg, la lista es enorme– lo habían sido, ¿por qué esperar?

 

 

 
EL VICARI D'OLOT

 

DIRECCIÓ

VENTURA PONS

 

PRODUCCIÓ

JOSEP MARIA FORN

 

GUIÓ

EMILI TEIXIDOR

 

sobre una proposta de Emili Teixidor i Ventura Pons

 

CAP DE PRODUCCIÓ

RICARD FIGUERAS

 

MÚSICA

JOSEP MARIA MAINAT

 

FOTOGRAFIA

TOMÀS PLADEVALL

 

MUNTATGE

MARGARIDA BERNET

 

ART DIRECTOR

JOSEP ROSSELL

 

Una producció de Josep Maria Forn (P.C. Teide), Profilmar P.C., Cop Nou i Germinal Films

 
EL VICARI D'OLOT
 
EL VICARI D'OLOT

TWENTY VENTURY PONS

 

He cenado con Ventura Pons, ya repuesto del soponcio de anteayer: el estreno de su "Vicari d'Olot", con bofetadas incluidas para poder conseguir un sitio en el recinto, por demás enorme, del Novedades. ¡Un estreno como el de "Ben-hur"! Repuesto, Ventura, y además con fiebre de un éxito que nadie regala: el del público. Acaba de llamar para saber como va el asunto, y así me entero que entre el lunes y el martes, su película ha sido ya vista por 6.400 espectadores, cabeza más, cabeza menos. Una cifra que, repartida entre los dos cines en que se proyecta constituye todo un récord. Se me ocurre proponer un slogan:"¿Podrá un modesto vicario de pueblo luchar contra el espectro de la Televisión?".

 

El slogan me lo contesta el Pons recordando aquellos ya lejanos tiempos en que con amigos inolvidables -Arnau Olivar, Antoni Ribas, Enric Ripoll Freixes, Miquel Porter- formulábamos cábalas mil sobre las posibilidades en el futuro de un cine catalán. Y queda fuera de toda duda que este cine sería el que se expresa en lengua catalana, y no en otra.Se luchó, se batalló, se albergaron muchas esperanzas. Y fue necesario convencer a los señores del dinero de que un cine hablado en catalán podía ser rentable. Y todavía más: que las figuras creadas en Catalunya podían tener tanto o más éxito que muchas que nos llegan de Madrid. ¡Sano ejercicio, el de empezar a reconocer a nuestros valores! Ya Antoni Ribas, con su "Ciutat Cremada", marcó un tanto para el cine catalán cuya importancia, a horas de ahora, ha es enciclopédica. Y "L'orgia" de Bellmunt, tuvo más colas que Paul Newman, que ya es tener. Ahora coinciden en las carteleras dos películas en catalán, "La quinta del porro", de Bellmunt y el "Vicari", de Ventura. La primera lleva ocho semanas de llenos. La segunda, la nueva de trinca, congrega en sus dos primeros días -los más difíciles de la semana- a casi 7.000 espectadores. Indudablemente, las campanas del éxito suenan en catalán, en este año. Como el cine es industria, estos hechos deberían hacer recapacitar a los mercaderes del cine. Y a los que esperamos que la normalización del catalán sea una evidencia en todos los medios de comunicación de masas. Recuerdo que, en cierta ocasión, Josep Anton Codina bautizó al director de "El Vicari" con un apodo muy divertido: Twenty Ventury Pons. Y, desde luego, si los dineros continúan entrando en taquilla con el mismo ímpetu de los primeros días, podremos añadir un Metro Ventura Mayer.

 

Y ahora, a por otra película, nen. ¿Qué tal "La monja de Mollerusa", con la seductora Mary Santpere en el papel de Mollerusa?

Terenci Moix

EL VICARI D'OLOT

 

"Esconde, tras un aparente y bonachón anticlericalismo, un mensaje en favor de lo diferente"

 

Director teatral de notable reputación, Ventura Pons se inició en el cine con "Ocaña, retrat intermitent", un curioso documental sobre el célebre pintor y travesti afincado en Barcelona que le valió un aplauso generalizado. La sátira costumbrista que ahora nos ofrece se aleja totalmente de dicho estilo y logra superarla en calidad.

 

El joven vicario (Enric Majó) de un pueblo se halla permanentemente obsesionado por el sexo. Perseguido por las beatas (Marina Rossell y Núria Feliu), confuso ante el homosexualismo delfarmacéutico (Fernando Guillén) y testigo de las pecaminosas actividades de la furcia del lugar (Rosa Mº Sardá), el sacerdote recibe la visita de un tío suyo (Joan Monleón), monseñor de bastante influencia en el Vaticano. Ante tan prestigioso visitante, las fuerzas vivas deciden celebrar un Congreso de Sexología Católica para contrarrestar las cada vez más licenciosas costumbres de los fieles de la parroquia.

 

Ventura Pons ha dirigido a los actores con mano firme -Enric Majó, en un papel muy difícil, se confirma como un actor de comedia dúctil y eficaz-, utilizando una puesta en escena simple y esconde, tras un aparente y bonachón anticlericalismo un mensaje en favor de lo diferente. Porque "El vicari d'Olot" no es sólo una cinta entretenida y brillante sino también un ejemplo de cómo sacar partido de intérpretes tantas veces desaprovechados, evitar los peligros del mal gusto y hacer reir de forma inteligente. Algo poco corriente en estos días.

Jorge de Cominges

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