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© 2015 ELS FILMS DE LA RAMBLA S.A. ||  VENTURA PONS

 

Una misma familia vive dos hechos traumáticos con cuarenta años de diferencia: la pérdida de uno de sus miembros y como esta pérdida los afecta a todos. Además, la llegada de unos nuevos vecinos «forasteros», también en estos dos momentos del tiempo, trastoca la supuesta «armonía» familiar y social.

VENTURA PONS

2008
FORASTEROS
FORASTEROS

Una misma familia vive dos hechos traumáticos con cuarenta años de diferencia: la pérdida de uno de sus miembros y como esta pérdida los afecta a todos. Además, la llegada de unos nuevos vecinos «forasteros», también en estos dos momentos del tiempo, trastoca la supuesta «armonía» familiar y social.La fragilidad de las relaciones familiares, el paso del tiempo, el sentido de la existencia, y, por encima de todo, el miedo y la desconfianza de aquello que no conocemos (el extraño, el extranjero, el foráneo)… sacude la mentalidad «bienpensante» de estos seres tradicionales.

 

¿Descubriremos que los auténticos forasteros no son los vecinos llegados de otras culturas sino nosotros mismos, que nos resistimos a integrarlos en nuestras familias, nuestra realidad, nuestra consciencia y nuestro afecto?

 
FORASTEROS
VO/
 
 
FORASTEROS

MI TERCER BELBEL

 

Después de haber adaptado para el cine dos obras de Sergi Belbel, Carícias en 1997 y Morir (O No) en 1999, vuelvo casi una década después a proponerme una película, Forasteros, basada en un texto suyo. Las dos primeras experiencias fueron, a mi parecer, muy exitosas, y las recuerdo con mucha emoción. Sus textos me permitieron desarrollar un tipo de narración cinematográfica nada convencional, que me atrae mucho, con unos resultados que me ayudaron a posicionar mi cine internacionalmente. Creo que para muchos espectadores del mundo hay un antes y un después de mis primeras versiones de Belbel.

 

¿Que me aporta Belbel que encuentro tan interesante? Normalmente, cuando hablo de mis películas, siempre cito en primer lugar el interés por las historias que escojo, pero en Belbel, además de ser esto cierto, también lo es el hecho que me fascinan particularmente sus planteamientos narrativos. Carícias me permitió establecer una ronda discontinua que a los setenta minutos de la película volvía al principio donde, implícitamente, ya estaba planteado el final. En mi versión de Morir (O No) pude radicalizar su propuesta al establecer dos narraciones opuestas, muerte en la primera parte, vida en la segunda. Blanco y negro, desazón, cámara angustiosa, secuencias sin un nexo aparente versus color, fabulación, escritura clásica, narración lineal. Ahora, Forasteros me permite el juego del hombre, su historia, la ciudad… confrontado con el paso del tiempo, este juego de ir hacia delante y hacia atrás, siempre apasionante ya que ofrece a la vez densidad, volumen y agilidad narrativa. Un juego muy cinematográfico, por otro lado.

 

Y ahora vayamos por la/s historias. Una familia vista a través de dos épocas, entre las que han transcurrido cerca de cuarenta años. Una familia disfuncional marcada por el mal feo, como se decía en los años de mi infancia, el cáncer y la muerte. Una familia en descomposición donde los personajes se pelean, se maldicen, se odian y niegan a sus predecesores todo lo que, inevitablemente, antes o después, acabarán repitiendo. Una familia marcada por la relación de rechazo, de amor y de odio con los demás, los vecinos del piso de arriba, esos extraños venidos de tierras lejanas, Andalucía en los años sesenta, Marruecos en la actualidad, que también formarán parte de este juego de repeticiones de la vida, en que se convierte Forasteros. Y sobretodo una familia marcada por la desaparición y la pérdida, por el cáncer y la muerte. Todo esto envuelto, más que nunca, con las obsesiones presentes en casi todos los textos de Belbel, esas madres posesivas hasta la extenuación, esos hijos acomplejados con su propia existencia, que rechazan la idea de la homosexualidad escondida, esa desoladora falta de entendimiento entre generaciones… En fin, una temática densa, dura, un vistazo, ( Feldman, dixit ) al presente y al futuro en una relación con el pasado, una reflexión sobre donde hemos estado y hacia donde vamos que se puede servir, tal como he pretendido, con cuchara y tenedor bajo la forma de un melodrama, género que no se si he conseguido, pero que de todas formas me ha gustado mucho probar.

 

¿Hasta que punto todo es una metáfora o un símbolo de nuestra sociedad? ¿A fin de cuentas no somos nosotros forasteros de nosotros mismos? Mi amigo Benet y Jornet cree que en Forasteros la consciencia del tiempo es sentida desesperada y trágicamente, en el momento exacto de la deslumbrante lucidez, del reconocimiento y de la desquebrajada aceptación de la tragedia, de la aceptación de ese monstruo que puede considerarse el tiempo; cuando la muerte, punto final, ya abre la boca para devorarnos. No me considero un narrador pretencioso, pero si que me gusta que mis películas tengan mucha sustancia donde el espectador pueda encontrar mi placer por adentrarme en temáticas no demasiado habituales en el cine, pero que puedan emocionarlo especialmente como me pasa a mi mismo.

 

Acabo con el agradecimiento a toda la gente que me ha acompañado en esta aventura, a todo el equipo técnico, pero muy especialmente a sus interpretes, destacando a la gran Anna Lizaran que nos enseña brutalmente el dolor, y a Joan Pera, que se arriesga a volver a unos registros que le conocía bien, pero que los llevaba escondidos debajo de su gran humanidad de artista.

 

Ventura Pons

FORASTEROS

Una producció de

ELS FILMS DE LA RAMBLA, S.A.

 

con la colaboración de

TELEVISIÓ DE CATALUNYA, S.A.

 

Guión de

VENTURA PONS

 

Basada en la obra de 

SERGI BELBEL

 

Dirección y Producción

VENTURA PONS

 

Directora de Producción

MAITE FONTANET

 

Música

CARLES CASES

 

Fotografia

JOAN MINGUELL

 

Montaje

PERE ABADAL

 

Art Director

BEL·LO TORRAS

 

Ayudante de dirección

CARLES VALERO

 

Sonido Directo

NATXO ORTÚZAR

 

Disseñs Especiales:

DDT/ DAVID MARTÍ & MONTSE RIBÉ

 

Laboratorio

IMAGE FILM

 

Estudio Montaje y Sonido

INFINIA

 

Distribución a España y Andorra

BADITRI

 

Distribución Internacional

LATIDO RAMBLA, S.A.

 

 
FORASTEROS
 
 
FORASTEROS

 

Torino (G&L) (Itália)

Cartagena d’Índies (Colombia)

Seattle i Stanford (US)

Guadalajara (México)

Lima (Perú)

Santo Domingo (República Dominicana)

Nantes, Toulouse i Montpeller (Francia)

Istambul (Turquia)

Varsòvia (Polónia)

Luxemburgo (Luxemburgo)

Verzaubert (G&L): Munich, Frankfurt, Cologne & Berlin (Alemania)

 Alexandria (Egipto)

Osaka (Japón)

Manila (Filipinas)

La Habana (Cuba)

Mèxic D.F. (México)

Hamburgo (Alemania)

Bogota (Colombia)

Buenos Aires (Argentina)

Managua (Nicaragua)

Brasilia (Brasil)

Caracas (Venezuela)

Zagreb (Croatia)

Quito (Ecuador)

Tirana (Albania)

La Paz (Bolivia)

Santiago de Chile (Chile).

Premios: 

Festival de Torino: Ventura Pons, Premio Especial del Festival

Premios Gaudí: Anna Lizarán (Mejor Actriz), Mejor Película (votación popular).

Mejor Actor de Reparto Cartagena de Índias (Colombia): Roger Príncep.

Festival Internacional de Cinema Lésbico y Gay de Madrid: Ventura Pons, Premio Especial del Festival

Festicurts Figueres'09: Ventura Pons, Premio Especial ACAT.

Anna Lizarán (Mejor Actriz) Festival de Santo Domingo y Festival Cinespaña de Toulouse.
Nominaciones Premios Gaudí: Mejor Película, Ventura Pons (Mejor Director), Ventura Pons (Mejor Guión), Joan Pera (Mejor Actor), Dafnis Balduz (Mejor Actor Secundario), Carles Cases (Mejor Música), Pere Abadal (Mejor Montaje), Bel·lo Torras (Mejor Dirección Artística) y David Martí y Montse Ribé (Mejores Efectos Especiales).

Nominaciones Premios Butaca: Mejor Película, Joan Pera (Mejor Actor) y Anna Lizaran (Mejor Actriz).

 

 

FORASTEROS

La familia unida

 

Tercer encuentro de Ventura Pons con el dramaturgo Sergi Belbel, tras las aplaudidas Caricies y Morir (o no), Forasters aparece igualmente cargada de complejidad en los personajes y en su estructura dramática, en esta ocasión centrada en un universo familiar, adscrito además al piso de clase media transmitido de padres a hijos, a través de dos generaciones y dos épocas tan perfectamente localizadas como significativas: la sociedad del despegue económico, en pleno franquismo, de los años sesenta, y la actual, ya en el siglo XXI. Un repaso a concomitancias, a diferencias apenas perceptibles —sin lugar a dudas, los jóvenes de ahora mismo sufren menos represión y condena que sus antecesores, los inmigrantes disponen de mejores condiciones de acogida, los adultos pueden optar a una mayor sinceridad consigo mismos…— para poner de manifiesto la perpetuación de los peores errores, de los más impúdicos y mezquinos intereses, de las más rancias cantinelas moralistas, etc. Una sucesión de conversaciones, discusiones y actitudes que permiten al espectador reconocer perfectamente infiernos cotidianos, propios o ajenos pero siempre próximos, demostraciones palpables del absurdo de unos modelos familiares repetidos hasta la saciedad a pesar de su probado fracaso, de su supeditación a la hipocresía y a la represión y condicionamiento de sus individuos en función de otras muchas leyes sociales aceptadas sin cuestionar, determinadas por la propiedad privada, el interés económico de los programas políticos, la ausencia de solidaridad con vecinos, inmigrantes, o con los propios miembros de esa unidad familiar (como explicitaba el bando golpista de Miláns de Bosch), definitivamente extraños, y por lo tanto forasteros, en su propio hogar.

 

Más caverna que hogar, en cualquier caso, los estilos habituales de dramaturgo y cineasta no dan opción a la simplificación, a lo anecdótico y a lo aparentemente, o convencionalmente, realista, mostrando en cambio sus cartas, sus dosis de teatralidad, de propuesta metafórica (las enfermedades, las muertes, los parecidos físicos), en plena complicidad con unos estupendos actores (Joan Pera, Anna Lizarán, Manel Barceló, Pepa López, y los más jóvenes) y unos agobiantes decorados (exteriores e interiores) que sugieren y subrayan la reiteración y el carácter circular de unas arraigadas pautas de conducta. Un film muy recomendable, ciertamente agrio, donde no faltan ironías, golpes de humor y diálogos vitriólicos capaces de ayudarnos a desmitificar y a desmarcarnos de tan mediocres convicciones morales.

 

Antoni Llorens

Cartelera Turia

Forasteros de la realidad

 

Ventura Pons repite proeza, es decir, película: una al año. En la anterior, Barcelona (Un mapa),utilizaba la institución matrimonial para diseccionar el tejido político y humano de la ciudad, con un viejo piso del Eixample a modo de opresivo escenario. Era una metáfora de la familia, surgida de la obra de LluïsaCunillé Barcelona, mapa d´ombres.EnForasters,donde la autodestrucción familiar alcanza niveles trágicos, Pons recurre por tercera vez al material escénico de Sergi Belbel, de quien ya había adaptado Carícies y Morir (o no).La severa Simone de Beauvoir aseveraba que "la familia es un nido de perversiones". Y la familia aparece en Forasters como fuente inagotable de odio, perversión, engaño y masoquismo. Con otro tema recurrente en el teatro de Belbel: el fantasma de la muerte. No como propiciadora del perdón, sino de venganza hacia quienes han formado parte de la vida que se está a punto de abandonar. Y hay un apunte autobiográfico del autor: este niño adscrito al grupo de los forasteros,interpretado de niño por Roger Príncep y de adulto por Santi Pons.

Lluis Bonet Mójica

La Vanguardia

FORASTERS, de Ventura Pons
****

Pons adapta otra obra de Belbel que, como Morir (o no), tiene dos caras: la historia de una familia contada en dos (intermitentes) tiempos que se miran como un espejo a otro, los años sesenta (bonito blanco y negro con impresiones en color) y el presente (colores vivos); una historia durísima, repleta de dolor, muerte, padres y madres que odian a sus hijos y viceversa, además de homosexualidad reprochada, racismo, etc. Todo desde el interior de un piso barcelonés, casi sin salir a la calle: casi, pues, La familia, de Scola. 
Pons rueda con fluidez y un tempo medidísimo para las escenas fuertes: la paralela agonía de los dos personajes de Lizaran (madre e hija) es de una exactitud y un impacto admirables. Como de costumbre, el reparto es sobresaliente: sólo disponemos del espacio para saludar a una Lizaran que merece todos los premios del mundo y a un Pera que se quita la máscara de cómico para brindarnos un sorprendente do de pecho dramático.

Jordi Batlle Caminal

Fotogramas

La luneta indiscreta

 

SALUD, LUNETARIOS… VENTURA PONS, COMO SIEMPRE, nos trajo bajo el brazo su última cinta, que tan bien ha caminado en los más diversos festivales y rincones del mundo. Se trata de Forasteros. Quienes sentíamos un tanto fatigado al catalán director de Actrices, Morir (o no), Anita no pierde el tren y otras tantas excelentes cintas, nos reconciliamos con él mediante su nuevo filme: Forasteros, otra de sus contundentes historias corales que une ahora, en dos épocas diferentes, a sendas familiares que pierden a un miembro enfermo de cáncer: los combates entre esos seres que se aman pero se destrozan, las pugnas intergeneracionales, el conflicto con los otros (árabes instalados en pisos cercanos), la crudeza y precisión de los diálogos y la diversidad cromática en la fotografía que funciona como detonante cronológico, más la altura histriónica (fundamentalmente el protagónico de la excepcional Anna Lizarán) nos hacen perdonarle cierta rigidez teatral que para nada mella la garra y la espesura de su discurso.

Frank Padrón

31 Festival Internacional del nuevo cine Latinoamericano, La Habana

Elogio del Eixample 
**** + 1/2

"¿Cómo es Europa? Bonita, ¿verdad? Sí, bonita, muy bonita. Te la miras por fuera como un turista. Por dentro, ¡es esto!", dice la criada dominicana de la muy endogámica familia catalana que protagoniza Forasters. La cámara desciende para mostrar el vómito que mancha el embaldosado. La frase, en buena medida, condensa las debilidades de la obra original de Sergi Belbel: una obra que sobreexplica su panorámico despliegue de mal rollo a caballo entre dos siglos, donde una suerte de catalanidad enfermiza, agonizante, miserable y numantina resiste (o no) la inevitable intromisión del Otro (los forasteros del título: inmigrantes andaluces en los años sesenta, marroquíes en el presente), mientras el trenzado en dos tiempos de este melodrama familiar -casi un Gótico del Eixample- lanza feroces cargas de profundidad sobre el peso de la herencia y sobre la maldición de convertirse en lo que más se odia. El movimiento de cámara en dirección al vómito es una anomalía en el conjunto: un momento en que la puesta en escena de Ventura Pons sucumbe a los subrayados del texto, dentro de un trabajo riguroso que condensa el original -cuyo montaje teatral se acerca a las tres horas de dura-ción- y extrae notable partido visual del juego de rimas entre los dos tiempos. Forasters podría formar un interesante programa doble con su anterior película, Barcelona (un mapa), adaptación de una obra teatral de Lluïsa Cunillé que hurgaba en similares heridas con armas muy distintas.

Jordi Costa

El Pais

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