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© 2015 ELS FILMS DE LA RAMBLA S.A. ||  VENTURA PONS

Ignasi M., reputado museólogo, vive tiempos dramáticos pero tiene la capacidad de explicarlos de forma delirantemente divertida.

 

VENTURA PONS

2013
IGNASI M.
IGNASI M.

Ignasi M., reputado museólogo, vive tiempos dramáticos pero tiene la capacidad de explicarlos de forma delirantemente divertida.

 

Durante los años de bonanza todo le iba viento en popa, pero con la crisis, su empresa quebró. La intentó salvar hipotecando su casa y está a punto de perderla acuciado por los bancos. Es gay seropositivo y participa en un programa de ensayo clínico, mientras intenta aguantar los malos tiempos y rehacer su cotidianidad disfrutando cada minuto de su vida. Su anciano padre ha intentado suicidarse y está recluido en una residencia. Su ex-mujer, se mueve en silla de ruedas, y ha descubierto su lesbianismo. Sus dos hijos emigraron muy jóvenes de okupas a Londres donde se han convertido, el mayor en un gran diseñador de FX visuales y el menor en fotógrafo muy prestigioso, pero convertido al evangelismo... Una familia compleja unida por el amor y la creatividad.

 

Un derroche de valentía, sinceridad y humor muestra su capacidad para sobreponerse, positivamente y con esperanza, de éstas y otras muchas adversidades por muy crueles que se presenten. Una mirada ácida y crítica de las desgracias que está viviendo nuestra sociedad.

 
IGNASI M.
VO/ SUB CASTELLANO
 
IGNASI M.
VO/SUB CASTELLANO
 
IGNASI M.

 

A FAVOR DE LOS VALIENTES
 

Ignasi M., es la película veinticinco de mi carrera, y mi tercer documental. Es un género que, como narradores, muchos directores de ficción utilizamos cuando nos quedamos fascinados por la observación de la realidad cotidiana que, aunque sea un tópico, siempre es más fuerte, más potente, que la ficción. Éste es el caso de mi propuesta actual. A nadie que conozca mínimamente la historia del cine se le escapará este hecho, el acercamiento al documentalismo que, grandes, grandes cineastas, han practicado. Se llamen Welles, Malle, Scorsese, Anderson o Panahi, por poner unos mínimos ejemplos.

 

En el verano de 1977 rodé Ocaña, retrat intermitent. Tuvimos la suerte que se abolió la censura a finales de ese año y la pudimos legalizar en 1978. De ello hace 36 años y todavía la están exhibiendo continuamente festivales y muestras internacionales en todos los continentes y es objeto de estudios académicos en numerosas universidades, principalmente del mundo anglosajón, pero también del europeo. Un testimonio, un retrato, que por su sinceridad y frescura ha quedado - ¡quien lo  iba a predecir, sinceramente! - como el referente de una época, la de los primeros años de la democracia, cuando salíamos de los largos años de la dictadura y la gente estaba pidiendo libertad ocupando las calles.

 

Cuando me propuse Ocaña, retrat intermitent, llevaba diez años trabajando como director de teatro. El teatro me había ido proporcionando una riquísima experiencia. Por una parte me había aproximado a todo tipo de textos, desde los grandes autores clásicos hasta rabiosos contemporáneos. Por otra, y muy especialmente, me había servido para conocer el complejo mundo de los actores; esos seres frágiles, pero maravillosos, con los que construyes personajes a través de los que te expresas, te comunicas y te relacionas con el público. Sin embargo andaba yo preocupado con la sensación de que quizás me estaba apalancando demasiado en un oficio fascinante, el de levantar textos teatrales, en el que me desenvolvía con satisfacción, pero que estaba postergando dedicarme a lo que toda mi vida había tenido ganas de hacer. El cine, desde pequeño, siempre había sido mi ilusión, mi meca.

 

Originalmente Ocaña, retrat intermitent era un ejercicio para ver qué me pasaba con una cámara. Era consciente que toda historia, sea de ficción o documental, debe tener mucho poder, mucha fuerza y que lo único que en la cinematografía europea podemos ofrecer es nuestra verdad, nuestra diferencia, que es lo que nos hace distintos. No quiero extenderme demasiado sobre este inesperado, lo digo muy sinceramente, cuento de hadas que ha significado este documental. Lo explico con gran satisfacción y con toda la humildad que debemos tener, pero con el convencimiento de que la verdad, por pequeña que parezca, viaja muy bien.

 

En 2002 celebré mis bodas de plata con el cine. Y tenía ganas de hacerlo con un nuevo documental. Quería volver a los orígenes regalándome esa posibilidad. Y me vino a la cabeza la figura del Gato Pérez. El Gran Gato. Primero porque es un personaje que admiraba, y segundo porque había tenido una buena relación con él, cuando compuso la música de La rubia del bar que rodé en 1986.

 

En ambos casos se trata de la vida del artista que llega de fuera, y que te ayuda a comprenderte a ti mismo. Son personas que se convierten en cronistas interiores pero con una mirada externa de tu realidad. Los dos eran creadores que lucharon a contracorriente por defender la verdad de su obra. Ocaña venía de Andalucía, y el Gato, de la desarrollada y culta Argentina de los años sesenta. Desembarcó en mi ciudad y señaló con el dedo: estos gitanos que tenéis aquí en el barrio de Gracia haciendo rumba catalana y a los que nadie les hace caso... esto puede ser la música de Barcelona. Cogió esa música, la dignificó, incorporando unas letras de gran categoría. Más de veinte años después de su muerte, sus canciones, son textos absolutamente emocionantes que te hablan de la ciudad y de nuestras vidas.

 

El Gato era un artista comprometido que luchó como un jabato. Y esa manera de enfrentarse a la vida siempre me ha fascinado, porque pienso que en esta vida vale la pena luchar por lo que uno cree. No nos podemos conformar, porque si no los individuos y las sociedades no avanzan. El Gran Gato me sirvió para hablar de la diversidad a través de la música y de la multiculturalidad, que es una característica del mundo moderno que los catalanes conocemos muy bien. Salvador Espriu ya decía que los catalanes hemos sido un país de mestizaje desde la prehistoria. Es evidente que, como en toda Europa, vamos a una velocidad de vértigo hacia una sociedad mucho más diversa. Y valía la pena hablar de todas las ventajas que para nosotros supone la diversidad y la integración, porque, cuando funciona de verdad, es un viaje de ida y vuelta, como nos proponía Gato Pérez. De todo lo que puede enriquecernos ver la sociedad no con unos ojos cuadrados, sino con unos ojos diversos. Ésa es la aportación de Gato y también la de Ocaña.

 

Me apetecía mostrar cómo las personas y las cosas se van integrando y cómo se va construyendo una sociedad diferente. Y me apetecía enseñarlo sin que se notara mi presencia, como si no hubiera cámara, à la Rohmer, películas que están muy preparadas, pero que a la vez parecen muy libres. En el fondo el tema que iba a exponer era el mismo que había tratado veinticinco años atrás, en Ocaña. Pero ahí, en la historia de Gato el concepto era absolutamente diferente. Cuando la rodé, ya había fallecido, y su retrato lo establecí mezclando legado y memoria, el Ocaña era una presencia viviente que todavía perdura.

 

Los directores de cine somos como ladrones que escudriñan la realidad y la transforman en películas. Primero me atrajo la figura de Ocaña y luego la de Gato. En el fondo, ambas figuras son una excusa para hablar de nosotros mismos. De ambos me gusta su ejemplo, su lucha, en la que modestamente me reconozco, porque también es la mía. Nunca nos hemos de quedar con lo inmediato en la vida. Hay que ser corredor de fondo y no parar nunca. Es mi sentido de la vida.

 

Siento que este nuevo documento tiene una línea de continuidad con mis otros dos precedentes, retratar a personajes que me fascinan, que me enamoran por su actitud. Con Ignasi M. vuelvo por la misma senda.Mi protagonista, un reputado y creativo museólogo, gay y seropositivo, atrapado por eso que llamamos la crisis, defendiendo su opción por la paternidad sin renunciar a su homosexualidad, tiene la capacidad de convertir su dramatismo cotidiano, sin tapujos, sin miedo y con gran sinceridad, en un hecho delirantemente divertido. Esta particularidad suya es lo que le convierte en singularmente atractivo y único. Toda la desdramatización de las muchas desgracias con las que tiene que luchar – un cúmulo de adversidades de un hombre contemporáneo – están vistas desde este prisma. Es una película de gente valiente, tanto él, como todos los que le acompañan, donde nadie tiene miedo a contar su verdad. La tremenda situación de la sociedad de la segunda década del siglo XXI, inmersa en una crisis profunda cuyo fondo terrible nos conmueve y aterroriza a la vez.

 

Con humor, y repito con mucha valentía y sinceridad, Ignasi M. se enfrenta a su atroz problemática, con su humor descubrimos la capacidad de un ser humano para sobreponerse de las adversidades por muy crueles que se presenten. Es un mensaje positivo, de esperanza, para, cara a cara, hacer frente a los muchos infortunios y desgracias que está viviendo nuestra sociedad. Un nuevo ejercicio, como fueron mis documentales precedentes, un nuevo retrato que he realizado notarizando estos tiempos extraños y hostiles, que espero nos sirva a todos para reflexionar del mundo en que vivimos.

 

Ventura Pons

 
IGNASI M.

Una producción de
ELS FILMS DE LA RAMBLA, S.A.

Guión de
VENTURA PONS

Dirección y Producción
VENTURA PONS

Fotografía:
ANDALU VILA SAN JUAN

Montaje:
MARC MATONS

Ayudante de dirección:
ALBERT AULADELL

Sonido Directo:
NATXO ORTÚZAR

Estudio de Montaje y Sonido:
IMASBLUE

 
IGNASI M.
 
IGNASI M

Toronto Internation Film Festival (Canada)

Palm Spring, Chicago, Seattle, Denver y Los Angeles (USA)

Guadalajara, Monterrey y Mexico D.F. (México)

Bogotá (Colombia)

Barcelona LGTB, Madrid LGTB, FIC-CAT Roda de Berà, Andalesgai Sevilla, FanCineGay Extremadura y LGBTIQ de Canarias (España)

Estocolmo (Suecia)

París, Tours y Toulouse (Francia)

Palermo, Torino y Alghero (Italia)

Zinegoak Bilbao, Montevideoy y Festival Europeo de Montevideo (Urugay)

Santo Domingo y Santo Domingo LGTB (Rep. Dominicana)

La Habana (Cuba)

Bafici (Argentina)

Tokio (Japón)

Londres (UK)

Santiago de Chile y Festival LGBTI –MOVILH (Chile)

Quito (Ecuador)

Centro Niemeyer Avilés (España)

Budapest (Hungría)

Durham y  Newcastle (UK)

Guatemala, La Antigua Guatemala, Quetzaltenango y Escuintla (Guatemala)

Bucarest (Rumania)

Zagreb, Split, Rijeka, Dubrovnik (Croacia)

San josé de Costa Rica (Costa rica)

Ascaso (ESP)

LesGaiCineMad ( España)

 

Premios:

LGBTIQ de Canarias y Andalesgai Sevilla (España)

 
IGNASI M.

En el futuro, con Ignasi M. 
Jordi Balló - La Vanguardia

 

Pasaran los años, se revisará el periodo que estamos viviendo, y se buscarán las películas que mejor lo han representado. Y entonces alguien dará con Ignasi M. y reconocerá en ese retrato vitalista, exuberante y contradictorio del protagonista los trazos de una Catalunya situada en la contradicción de su propio movimiento: un presente de bancos que te persiguen por tus deudas; un futuro de un cambio necesario, como pura supervivencia. El independentismo del personaje no es solo ideológico, sino vital: al contrario del príncipe de Lampedusa, Ignasi M. piensa que necesitamos cambiar para que todo cambie. Esa es quizás una de las razones de la cada vez más extendida necesidad de disponer de un país independiente. El gran acierto del filme de Ventura Pons es que el pasado del protagonista no importa en absoluto. Cuando se evoca, la narración se ralentiza: no nos importa ni su infancia, ni cómo construyó su familia atípica, ni lo que hizo antes de que el filme empezara. Lo que nos importa realmente es el presente de su actitud, de como se confronta a la superación de los problemas que lo acucian, de ser un hombre endeudado con una enfermedad crónica, la del sida. Este instinto de superación es clave en toda dramaturgia: cuanto mayores son sus dificultades, mayor es el deseo mimético de que el personaje lo consiga. Pero Ignasi M. no proporciona soluciones concretas, porque este no es un filme liberal, ni posibilista. Su única respuesta es seguir adelante, sin detenerse, consciente de un sistema económico que crea los mecanismos que lo han llevado hasta allí. Para resolver sus problemas solo vale un cambio radical. Y en ello está, esperanzado, como tantos otros.  Por lo tanto este es un filme de futuro, porque la solución que se propone no está en el filme mismo, sino en la evolución imprecisa de la sociedad catalana. Y esto se consigue sin necesidad de lanzar arengas, ni proclamas militantes. Lo que el espectador capta es que este modelo irónico y abierto de vida debe sobrevivir para que el país lo haga con él. Se compara a menudo Ignasi M. con el que fue el primer filme de Ventura Pons sobre el pintor Ocaña. Más allá de  tratarse de dos documentales, existe realmente una relación profunda entre ambos. Cuando analistas de todo el mundo han considerado Ocaña, retrat intermitent un filme emblemático, es porque refleja una Barcelona abierta, tolerante, comprensiva e ilusionante. Pero el filme de Ocaña no describía un paraíso, sino que planteaba la hipocresía social y la represión política que sufrían los homosexuales y los que eran distintos en aquella Barcelona postfranquista. Fueron los espectadores los que le añadieron el valor positivo y optimista de un personaje decidido a ser él mismo contra todos, que miraba más allá. Lo mismo que ocurrirá con Ignasi M., el filme de la antesala del cambio.

 

JORDI BALLÓ

LA VANGUARDIA

El arte del retrato
 

El tema del filme es el poder del principio del placer como motor de vida, pero también el cuestionamiento de los roles prefijados

Treinta y seis años ha tardado Ventura Pons en retomar una especialidad para la que parece tener un talento muy bien afinado: el retrato. Algo que, en sus manos, no solo tiene que ver con la habilidad para capturar con viveza y fijar una identidad particular, sino también para sugerir, a partir de ella, el espíritu de una época. Si su ópera prima, Ocaña, retrat intermitent (1978), fue uno de los más valiosos testimonios de la Barcelona contracultural del posfranquismo, Ignasi M.utiliza las circunstancias vitales de su protagonista para plantear cuestiones —en especial, referidas a la idea de familia— que siguen siendo campo de batalla en un presente donde los juicios y las sanciones son más tácitas —pero no menos cuestionables— que esa Ley de Peligrosidad Social que seguía vigente a finales de los setenta.

Ignasi M. es Ignasi Millet, museólogo y conservador de arte acosado por los bancos tras el cierre de su empresa en el marco de la crisis. Millet es homosexual, seropositivo, padre de dos hijos —uno de ellos seducido por la religión—, hijo de un matrimonio tormentoso de artistas —su padre tuvo un reciente intento de suicido— y exmarido de una enérgica militante del vitalismo que, montada —que no postrada— en su silla de ruedas, acaba de iniciar una relación lésbica.

El gran tema de la película es, al entender de este crítico, el poder del principio del placer como motor de vida, pero también el cuestionamiento de los roles prefijados y de toda idea preconcebida a través de la lección vital que proporciona no solo Ignasi, sino esta extraña y carismática familia al completo.

Las notas promocionales de la película hablan de adversidades crueles y desgracias: también mencionan, por supuesto, la valentía, sinceridad y humor del protagonista. No obstante, sería hacer un flaco favor a las múltiples virtudes de Ignasi M. reducir su alcance al de un mero pulso entre las contrariedades y el pensamiento positivo.

Pons logra hacerse invisible frente al gran exhibicionismo de su objeto de estudio y crea la ilusión de que es Millet quien dirige su propio relato. No es así: aquí no solo hay un gran personaje, sino, también, una película muy bien contada.

JORDI COSTA

EL PAIS

Dos entusiastes, dues forces de la naturalesa: Ventura Pons i Ignasi Millet. El primer, que necessita filmar tant com respirar,entusiasmat amb una energètica creativitat sensefre. El segon, la primera matèria ideal per al cinema de Pons, un personatge carregat de vida, injectat de potencial fílmic. De la seva unió en sorgeix un documental que casa perfectament amb la predilecció del director per caràcters d’aquest tipus, indomables, heterodoxos, com Ocaña i el Gato Pérez. 
Ignasi M. és un film molt interessant, rodat amb l’estómac, araig i amb força. És també desigual.Combina instants esplèndids –l’inici de les pastilles, la conversa amb el fill petit– amb altres de més forçats i faltats de naturalitat –la reunió amb els companys de feina, instants amb el fill gran–, en què es veu massa escenificació, massa esforços per explicar-se mútuament allò que ja saben de sobres. Hauria estat bé aprofundir una mica més, per exemple, en els seus problemes econòmic si aprofitar més els evocadors instants de solitudi de silencis que habiten a la vida de l’Ignasi. Però aquestés un film lluminós, enfi, unatroballa. 

 

TONI VALL

Ara

Sinceritat i humor
Salvador Llompart

Per parlar d’Ignasi M., la nova pel·lícula de Ventura Pons, la número 25 de la seva carrera com a director de cinema –abans havia sigut director de teatre–, cal parlar abans d’Ignasi Millet, especialista en conservació i restauració del patrimoni, professor universitari i un dels museòlegs més destacats de Catalunya. Millet ha dirigit projectes al Prado, el Reina Sofía, el Thyssen o el Museu Nacional d’Art de Catalunya, per citar tan sols algunes de les grans institucions on ha exercit la seva tasca. Però el nou film de Ventura Pons no transita especialment pel cantó erudit del prestigiós acadèmic que és Ignasi Millet. Li interessa més aviat parlar de la seva faceta com a home gai i seropositiu que, com diu el director, “va quedar atrapat en això que anomenem la crisi”. Un home, castigat per la vida, que ha volgut ser pare sense renunciar a l’homosexualitat i “que 

ha tingut la capacitat de convertir la seva dramàtica situació quotidiana (de la qual ens parla el documental) en un fet deliberadament divertit ”, afegeix Ventura Pons. Una realitat complicada de què Ignasi M. parla sense embuts, sense por i amb gran sinceritat, a més d’un envejable sentit de l’humor, hi afegiria un. Ignasi M. és el tercer documental en la carrera del cineasta, després dels celebrats estudis que va dedicar al pintor Ocaña (la seva primera pel·lícula) i al cantant i compositor Gato Pérez. Ignasi Millet, pel seu calat humà, per la seva origina l manera de pensar, s’ha guanyat a pols el dret de figurar al costat dels dos personatges anteriors.

SALVADOR LLOMPART

La Vanguardia

Ignasi M. Sin miedo al fracaso
 

Ventura Pons tiene que imponerse como director en la entrevista, pues es tal la verborrea de su protagonista que apenas le deja espacio de explicarse. No parece que le haya costado mucho someterse a ese desnudo integral que es «Ignasi M». El realizador vislumbraba en  Millet, el más extrovertido de su grupo de calçotadas, a un personaje cinematográfico que esculpe con retazos de su poliédrica existencia. Restaurador de fama internacional cuya empresa se viene abajo con la crisis, seropositivo militante, padre homosexual... La cinta no rehuye el conflico: de un gay y una madre que ahora vive con una  lesbiana sale un hijo que abraza la fe cristiana y asegura que su padre vive en pecado. 

Fracaso necesario 
«Lo importante es hablar el uno con el otro, aunque no lleguemos a ningún tipo de acuerdo», subraya el protagonista. Ni tampoco esquiva la frustración, pues detalla cómo alguien que contaba con uno de los estudios más prestigiosos de España vio cómo se derribaba: «A mis alumnos les cuento las piezas que se me han roto, nadie le habla del fracaso, pero creo que es necesario. Además de que es una de las cosas de las que más se aprende, también tiene un efecto volcán», apunta.
La cámara de Pons se detiene también en la vida de un seropositivo ahora que se trata de una enfermedad crónica pero no exenta de complicaciones. Aun así, prefiere el tono cómico a la hora de explicar, por ejemplo, que debe ingerir más de veinte píldoras diarias. Un filme rodado en plena oleada independentista no podía resistirse a tocar el asunto y más con el profundo catalanismo que impregna al personaje. «Fue una secuencia improvisada, pero la política no es lo que más me interesa en esta película», advierte el director. Sin embargo, logra uno de los momentos más interesantes del fi lme cuando el ayudante argentino de Millet se esfuerza por explicarle que más allá de las aspiraciones independentistas, muchos catalanes no saben lo que es una verdadera crisis como la que su país vivió.

 

C.DAVID CARRÓN

LA RAZÓN

Un héroe entre un millón
 

«Ignasi M.» es el tercer documental de Ventura Pons después de su celebrado «Ocaña, retrat intermitent» y «El gran Gato». Los tres tienen en común la personalidad «bigger than life» de sus biografiados y que, en cierto modo, éstos actúan como símbolo inequívoco de la época que les ha tocado vivir y de una ciudad, Barcelona, que en 35 años ha mudado de piel varias veces, de cuna cosmopolita y ultramoderna a reclamo turístico internacional. Ignasi Millet no es una celebridad del arte «underground» o de la rumba, pero su vida desafía la de cualquier culebrón. Pons le reúne con su ex mujer, con su ex socia, con uno de sus mejores amigos y con sus hijos para que los demás sean un espejo de lo mejor de sí mismo: su independencia creativa, su nadar a contracorriente, su vitalidad. Pons quiere quedarse con la parte buena, heroica, de este museólogo en paro, homosexual militante y seropositivo, aunque desaprovecha los momentos en que puede asomar el conflicto para que su retrato cuadre con la imagen que el personaje quiere dar de sí mismo.

 

SERGI SANCHEZ

LA RAZÓN

En la senda d’Ocaña
 

En el terreny literari i fílmic, la millor ficció sol ser aportada per la mateixa realitat. Ventura Pons creua de nou la difusa frontera entre realitat i fantasia mitjançant un documental amb empremtes del seu debut el 1978 amb “Ocaña, retrat intermitent”, una de les primeres pel·lícules autòctones que gosava abordar el tema de l’homosexualitat. Allà es plasmava la trajectòria del jove i irreverent pintor naïf, que després d’haver-se apagat la llumeta d’El Pardo exhibia la seva condició de provocador nat. Convertint, per exemple, les Rambles de Barcelona en un desmesurat espai de llibertat i dissidència. Desgraciadament, Ocaña moriria el 1983 als 36 anys. 

Vint-i-cinc pel·lícules més tard (incloent un altre documental: “El gran Gato”, sobre el compositor i cantant Gato Pérez), Ventura Pons assumeix el desafiament de disseccionar, mitjançant imatges hàbilment enllaçades, l’univers, entre oníric i real, d’un personatge que sembla acumular totes les desgràcies possibles, encara que sap com afrontar-les. Amb humor molt irònic i admirable desimboltura. Com el mateix afirma: “La gent viu amb moltes pors, però hi ha moltes formes d’afrontar-los”. 

Restaurador d’obres d’art, museòleg i fotògraf, Ignasi Millet Bonaventura sembla tenir-ho tot en contra. És seropositiu, ha d’ingerir 28 pastilles al dia, la seva petita empresa ha fet fallida, és homosexual, té dos fills d’una exdona paralítica, els seus longeus pares estan separats… Davant semblant proposta, l’hipotètic espectador potser hauria de fugir espaordit. No ho ha de fer. Mitjançant un personatge tan singular i que alguna vegada s’excedeix en el seu afany histriònic, Ventura Pons confecciona una fascinadora història real, transitada per éssers també autèntics i que van desgranant, amb irònica sinceritat, les seves reflexions davant una vida, la seva, aparentment ingrata i atapeïda de precipicis en els quals eviten caure.

 

LLUÍS BONET MUJICA

LA VANGUARDIA

"Ignasi M.": porque yo lo valgo
 

El personaje gay, el de la silla de ruedas, el cristiano, el reflexivo... no, no es un capítulo de la bienintencionada serie musical Glee (Brennan, Falchuk y Murphy, desde 2009). Se trata de Ignasi M. (2013), la última película de Ventura Pons. Y aquí no hay estereotipos con aroma a gominola, sino personas reales encabezadas por Ignasi Millet i Bonaventura. Si la serie habla sobre cómo sobrevivir siendo distinto (y artista) en un entorno comunitario esencial, el instituto, el film se centra en una unidad social todavía más básica: la familia. Una formada por Ignasi M., homosexual activista y seropositivo (y dedicado al arte), su exmujer con diversidad funcional y ahora lesbiana, su padre con tendencias suicidas (y artista), su madre frustrada (y artista) y sus hijos, emigrantes de éxito (y artistas, claro). Diversidad por todas partes, la de las orientaciones sexuales, las enfermedades, los estilos de vida... y el arte, sí, que actúa como aglutinante.

Pese a lo chocante de poner según qué etiquetas juntas - consideradas incompatibles con excesiva ligereza-, el retrato familiar de Ignasi M. no resulta particularmente lejano o insólito. En otros tiempos, lo poco habitual era convertido en rareza consumida con morbo, mientras que ahora, aunque lentamente, se erige en una normalidad agrandada. Por poner un ejemplo, en el siglo XVII Magdalena Ventura, llamada la barbuda por el hirsutismo que le confería vellosidad y apariencia masculina, fue convocada a la corte de Nápoles por el III Duque de Alcalá para que su pintor inmortalizara lo extraño de su aspecto. Y José de Ribera, lo Spagnoletto, obedeció a la manera de su época, poniendo el acento en la diferencia. Ahora, en cambio, iniciativas como Ignasi M. resaltan lo cercano y, en consecuencia, universal.

La diversidad mostrada en Ignasi M., por supuesto, no tiene nada que ver con el modelo familiar único e indiscutible impuesto por las ideologías políticas azules y las jerarquías religiosas púrpura, empeñadas en tildar la diferencia como motivo de ruptura, separación y cicatriz. A graznido de gaviota o zureo de paloma, desde sus foros, sus medios de comunicación, sus atriles y sus púlpitos, los sectores más reaccionarios atacan lo que se salga de una norma que, día a día, se va alejando de los hogares. Porque, lo quieran o no los azules y los púrpuras, lo llamado normal cada vez es menos normal. Pese a retóricas 
grandilocuentes y amenazadoras, con los años la ciudadanía - soberana y aconfesional, ¿no?- ha ido aprendiendo a zafarse de las dictaduras y, en consecuencia, a amar la libertad. Y a hacer de ella lo verdaderamente normal, una normalidad que se hace grande y acogedora, basada en valores auténticos como el amor y el respeto, y no en códigos memorizados o moralina recitada.

Ahí están los dos pilares en que se sustenta la flagrante normalidad del documental Ignasi M. El amor que, pese a sus diferencias, profesan los protagonistas entre sí, todos pivotando alrededor del cómico, lúcido, delirante, irreverente y comprometido Ignasi. También el respeto con que acogen sus diferencias -usamos el verbo acoger, muy distinto del perverso tolerar-. El mismo sentido del respeto, por cierto, con que se manejó el director Ventura Pons a la hora de introducirse en las interioridades de una familia sin resultar invasivo o pornográfico. Así, tanto los monólogos de Ignasi como las conversaciones con sus familiares, compañeros de trabajo y amigos sirven para visibilizar que salirse de lo que dictan algunos no implica ser un bicho raro. El bicho raro es el que no sabe amar ni respetar. Es decir, el cobarde.

Es bien conocida la predilección de Pons por las personalidades valientes, de ahí que en su extensa filmografía los tres documentales que ha dirigido cuenten las historias de personas con ese rasgo de carácter como denominador común: el pintor y travesti de Ocaña, retrato intermitente (1978), el músico de El gran Gato (2002) y ahora el museólogo y activista Ignasi M., que parece hacerlo todo porque yo lo valgo -parafraseando el conocido eslogan de L'Oréal, hoy un grito de guerra de la autoafirmación-. Y, de entre los tres, Ocaña... e Ignasi M. son retratos paralelos, pero representando la valentía aplicada a dos entornos bien distintos: de la marginalidad de la Rambla barcelonesa de finales de los 70 a la respetabilidad de un profesional que ha tenido entre sus manos los restos del mismísimo rey Pere el Grande.

Es curioso observar cómo algunas de las críticas que se le hacen a Ignasi M. tienen que ver precisamente con el deseo de verse más reflejado en su metraje. El gay hubiera querido que se enfatizara más la opción sexual de Ignasi, el seropositivo su condición inmunitaria, el parado el cierre de su empresa, el museólogo su visión del patrimonio, el padre su paternidad, el hijo su... bueno, como se llame la cualidad de hijo. De este modo, lo que se hace patente es cómo cualquiera de nosotros somos una parte de Ignasi o de los suyos, y que gracias a su generosidad y al ojo clínico de Ventura Pons queda claro que la diferencia, en la vida o en el arte, no es tan rara como nos la pintaron.

 

PERE PARRAMON

EL HUFFINGTON POST

Ignasi M.
 

Amb Ignasi M., Ventura Pons sembla retor nar als propòsits d’Ocaña – retrat intermitent (1978): bastir un documental al voltant d’un home carismàtic que li permeti abordar tant les inquietuds d’una època com una forma concreta de viure la (homo)sexualitat. Pons converteix Ignasi Millet, museòleg víctima de la crisi econòmica, gai separat d’una dona amb diversitat funcional, pare de dos fills, independentista i apassionat de la vida, en l’objecte d’un retrat que va construint sobretot a partir de les converses del protagonista amb gent del seu entorn. D’aquestes xerrades es destil·len temes com la identitat, l’amor a l’art, el país, la paternitat, la religió, la crisi... La pel·lícula grinyola de vegades per forçar massa les situacions, en lloc de buscar-les o trobar-les; per no aturar-se en els assumptes més espinosos i per repenjar-se en excés en la personalitat de l’Ignasi. La intenció de Pons és clara: vol oferir un film optimista malgrat tot.

 

EULALIA IGLESIAS

TIME OUT

Retrat d’un home amb humor i en crisi
 

Ventura Pons aporta amb el seu nou film un retrat d’Ignasi Millet, conservador i restaurador del patrimoni, homosexual que va mantenir una llarga relació amb una dona, amb la qual hi té dos fills, seropositiu encadenat a la medicació. Com en el cas d’Ocaña, un retrat intermitent, el primer film de Ventura Pons i en el qual hi vibra la Barcelona llibertària emergida després de la mort de Franco, i El gran Gato, amb la qual va retornar al documental fent bategar una Barcelona multicultural, 

Ignasi M. no només vol ser el retrat d’un personatge real, sinó que vol esbossar el d’una època, tan marcada per la crisi, que no només és econòmica, i a Catalunya per un desig independentista. En el cas d’aquest nou film, alguna cosa s’hi esbossa, però potser no amb la força dels dos anteriors, sobretot en el cas del protagonitzat per Ocaña. I potser això es deu al tarannà, fins i tot podria dir-se a la virtut, d’Ignasi M.: el seu humor per afrontar les més diverses contrarietats que fa que resultin simpàtics ell i el film, però que a vegades provoca un registre una mica anecdòtic en els monòlegs i algunes converses (amb pares, exdona, fills, amics) que estructuren el documental. Ignasi Millet, doncs, és un conservador i restaurador i, per tant, sap què vol dir treballar amb un material sotmès al desgast del pas del temps i fins i tot ruïnós. Amb la crisi, i potser arran d’una mala gestió insinuada, s’ha arruïnat, però no renuncia a restaurar-se l’ànim cada dia. Això mentre que s’esforça a conservar el seu cos. Hi palpiten també antigues ferides, derivades de la relació problemàtica dels seus pares (interessantíssimes les converses amb cadascun) i d’alguns equívocs amb l’exdona i fills. No es diu tot i això està bé: ho podem imaginar per pensar també sobre nosaltres mateixos.

 

IMMA MERINO

CINEMA

Ventura Pons filma la vitalidad de un homosexual
 

El cineast a Ventura Pons presentó ayer Ignasi M., su tercer documental, que se adentra en la vida de un prestigioso museólogo gay y seropositivo que, de la mano de una compleja familia, encara sus problemas dando una lección de optimismo y transmitiendo unas inconmensurables ganas de vivir. Ignasi Millet, personaje protagonista del nuevo filme documental del director catalán, que ya ha pasado por más de 15 festivales y se estrenará el 31 de enero, es un exitoso y vital museólogo, cuya empresa quiebra con la crisis, y que, con sinceridad y humor, intenta afrentar su depresión y su enfermedad gozando de cada minuto de la vida. “A veces la realidad supera la ficción”, subraya Pons al referirse a la vida de Millet, un personaje poliédrico, íntimo amigo del director catalán, que delante de las cámaras expone a su creativa y compleja familia, formada por una madre reivindicativa, un padre suicida, una ex mujer en silla de ruedas que descubre su lesbianismo y unos hijos emigrados a Londres, uno de los cuales se ha convertido al evangelismo. “Esta es una película sobre la libertad”, señala Pons quien ha explicado que pensó en hacer un documental sobre su amigo Millet porque es una persona que le “emociona” por su “valentía y actitud”. Temas como el sentimiento paternal de un homosexual , la lucha contra el sida, la impronta familiar o la crisis económica son algunos de los temas que destila el film que, gracias a su espontáneo protagonista, convierte el dramatismo cotidiano en un hecho delirante y divertido. 
“No me importa mostrar mi vida si consigo hacer militancia de la homosexualidad y ayudar a personas que se encuentren en mi situación”, ha explicado Millet quien ha reconocido que mostró todas sus cartas a Pons porque “confiaba plenamente en él ”. Gracias a su sinceridad y su sentido del humor el personaje consigue tejer una complicidad con el espectador desde el principio, una relación con la cámara que Millet desarrolló después de que el director le recomendara explicar la primera escena del filme –en la que el personaje relata para qué sirven las 29 pastillas que toma a diario– como si se tratara de “una película de Woody Allen”. “Ha sido como hacer un patchwork de pedacitos de mi vida”, ha señalado Millet, que ha comparado el proceso de grabación con el de una terapia que le ha ayudado a ver su trayectoria a través de los ojos del director. Millet y Pons se han mostrado muy satisfechos con la “buena acogida” que tiene la película que ya ha recibido distintas ofertas para convertirlo en un símbolo benéfico de lucha contra el sida.

EFE

GRANADA HOY

Ignasi M.
 

NI GANDHI ni Luther King. El faro para iluminar a Artur Mas tendría que ser Ventura Pons, un señor que lleva proclamando una declaración de independencia al año desde, je, 1978. Igual que hiciera con Ocaña, ahora documenta otro tesoro oculto catalán: Ignasi M., museólogo, seropositivo, vitalista y con familia extraña y fascinante (¡spin-off para el padre!). El resultado es un retrato intermitente, conversacional y algo abrupto que demuestra que hay gente que, siendo atea, se ha ganado el cielo.

J.C.

CINEMANIA

La vida y nada más
 

El regreso de Ventura Pons a las salas de cine, tras su excelente tv-movie sobre Mercé Rodoreda (Un berenar a Ginebra), es doble o triple. Primero, porque ha elegido la vía del material documental, en parte como si volviera a sus tiempos de Ocaña, retrat intermitent (1977), su primer largometraje, sobre todo porque Ventura conoce muy bien a Ignasi y a su entorno. Segundo, porque logra ficcionar de tal modo —la planificación, el ritmo, pero también los aspectos increíbles de la vida del protagonista— que el espectador puede trascender lo documental y lo anecdótico en beneficio de una interpretación universal más acorde con la ficción. Ytres, porque esta magnífica película nos vuelve a colocar ante ese lado inquieto y arriesgado de Ventura que tanto ha hecho por su cine. La película fue presentada en el festival de Toronto y debería producir un orgullo a quienes tenemos algo que ver con el cine que, probablemente, irá llegando en cuanto la vayan conociendo más y más espectadores. La película, aparentemente dedicada a seguir los pasos de Ignasi, nos coloca ante una serie de realidades y sugerencias realmente apasionantes: se habla de homosexualidad, de SIDA, de familia (los padres, la esposa, los hijos), de creencias y agnosis, de arte -creación, restauración, conservación-, de discapacidades, de centros de salud y, muy especialmente, de sentimientos. Una obra realmente rica, por supuesto dada la personalidad del pro- tagonista, fundamentalmente por el trabajo y la intervención del cineasta, quien nos demuestra de manera palpable las verdades y complejidades que pueden ofrecerse al espectador partiendo del referente documental. Y, con la misma complicidad que evidencian cineasta y personajes, unas constantes dosis de humor que determinan la diversión asegurada que acompaña a toda la película, algo tremendamente palpable en muchas de las conversaciones.

LLORENS

CARTELLERA TURIA

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