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© 2015 ELS FILMS DE LA RAMBLA S.A. ||  VENTURA PONS

 

En un bar de los barris baixos, on ha anat a prendre una copa, el Mario observa sorprés com una fascinant rossa tira un feix de billets de mil a la cara d'un macarra i com, a continuació, la rossa se'n va ràpidament del bar.

El Mario farà l'impossible per conèixer-la i viurà amb ella una història d'amor curta, però fantàsticament apassionant, que de veritat valdrà la pena. La pel.lícula n'explica tots els detalls

VENTURA PONS

1986
LA ROSSA DEL BAR
LA ROSSA DEL BAR

En un bar de los barris baixos, on ha anat a prendre una copa, el Mario observa sorprés com una fascinant rossa tira un feix de billets de mil a la cara d'un macarra i com, a continuació, la rossa se'n va ràpidament del bar.

El proxeneta comença a parlar amb el Mario, el convida a prendre una altra copa, li explica que es diu Ortega i que viu amb la rossa. També li fa saber que la noia treballa per a ell, però que el que realment li atrau són els àrabs i que, si està amb la rossa, només és per diners.

 

El Mario farà l'impossible per conèixer-la i viurà amb ella una història d'amor curta, però fantàsticament apassionant, que de veritat valdrà la pena. La pel.lícula n'explica tots els detalls

 
LA ROSSA DEL BAR
VO/
 
LA ROSSA DEL BAR

LA MIRADA LIBRE

Extracte del llibre d’Anabel Campo Vidal

 

En octubre de 1985 nació Els Films de la Rambla y a partir de ahí intenté hacer un cine más personal. Conocí a Raúl Núñez, que había publicado Sinatra, una novela de cierto éxito contracultural. Raúl, era uno de los tipos más entrañables que he conocido, y pronto nos hicimos amigos. Vivía en el barrio chino, un mundo lleno de putitas y macarras, muy lumpen, pero que no me resultaba lejano. Eran unos barrios que conocía bien de mis años en el Teatro Romea y de las Ramblas y de Ocaña... en fin, si se me permite, un decorado vivido y conocido. En un bar roñoso de la calle Hospital, convertida actualmente en una especie de calle Mayor de Islamabad, le dije que me interesaba mucho su mundo, que admiraba cómo sabía describir esa pléyade de perdedores, de marginales, de gente que lucha por salir y a los que les va mal. Siempre he visto una poética única en ese mundo, quizás porque encuentro más interesante a la gente que sufre e intenta salir como puede, aun luchando equivocadamente, que a la que ya está establecida en una opulencia, en el poder.

 

Raúl me contó que había publicado en una revista, La Luna de Madrid, uno o dos capítulos de una historia sobre las andanzas de una prostituta que tenía un proxeneta gay que a la vez se enrollaba con chaperos árabes y de la que se quedaba colgado un triste y tímido aspirante a escritor sin éxito, pero que no pensaba seguir con ella.. Enseguida flipé con la historia y le propuse continuarla juntos; me encantaba meterme con la búsqueda del amor, la necesidad de comunicación y afecto de esos perdedores que, a pesar de toda la miseria, el desamor y el desencanto, intentan realizarse. Mal, pero lo intentan. Seguramente no lo conseguirán, pero luchan. No sé, Mario, el aspirante a escritor que consigue, finalmente, terminar una novela, posiblemente olvidará el manuscrito en el asiento del taxi o del metro el día en que, por fin, consiga una cita con una editorial. Y, evidentemente, no tendrá ninguna otra copia.

 

Despacio, reuniéndonos en su bar, en su mundo, fuimos avanzando en ese guión que ahora me produce una sensación dual, naif y tierna, pero que me permitió volver al corazón de la gente y a los escenarios de esas noches de la Barcelona que tanto he amado y tanto me ha gustado enseñar. Además, desde un punto de vista industrial era lo que yo podía hacer. Empezaba mi productora y no quería caer en la tentación de asumir un proyecto excesivamente caro. Presentamos el guión al ICAA, gustó a la comisión y me ayudaron, pero muy poco. Pilar Miró me dio la subvención más pequeña de su mandato. Con eso y una dosis enorme de fe, confianza y sobre todo de trabajo, tiramos hacia adelante un rodaje muy bonito, muy intenso con los actores y algo peligroso por el entorno en el que nos movíamos. Era el momento en que la droga ya había entrado a saco por la zona baja y trabajábamos con protección policial; pero puedo asegurar que con Majó, Ramoncín y Núria Hosta, que debutaba como la rubia del título, pusimos todas nuestras energías para dar credibilidad a la historia. Como todo principio, y creo que ahí está la gracia del asunto, fue un momento económicamente muy duro. Lo importante era acabar la película y poder encauzar una vía para intentar hacer historias personales, libres. Tenía muy claro que quería encontrar un espacio dentro del mundo del cine y lo hacía como podía: luchando, como siempre.

La película, una vez acabada, fue muy bien recibida y tuvo buena crítica. Recuerdo especialmente que mucha gente se quedó maravillada con las imágenes de Barcelona. Me decían que encontraban una Barcelona mágica, sugerente, y yo no era consciente de haber hecho nada especial. Seguramente ahí empezó a notarse mi amor por la ciudad que con los años ha ido a más y más, y también la ternura que me despertaba la historia y su contexto, tan alejado de lo que soy pero a la vez tan próximo emocionalmente.

 

Fue muy interesante contrastar mi trabajo con la novela que Raúl escribió con el mismo título a partir de la película acabada, como hacen los americanos. Cómo pueden variar las soluciones narrativas, dependiendo del medio. Al final de la película, Mario, en una casa de huéspedes, empieza a escribir su novela: vemos unos veinte planos diferentes de él escribiendo, un buen montón de flash-backs, de lo que ha vivido con la rubia, mientras oímos una canción de Gato Pérez, ese juglar maravilloso y único ya desaparecido que compuso la música del film... bueno, pues lo que tanto trabajo me llevó rodar y montar Raúl lo despachó así en su novela: “y Mario escribió, escribió y escribió”. Lo encontré genial.

 

La película fue bien de público y empezó a ir a unos cuantos festivales, en el Festival del Film de Autor de Málaga, con gran sorpresa por mi parte, nos concedieron el premio a la mejor película de habla hispana. Me enorgulleció muchísimo, porque era el primer premio de mi carrera., recuperamos la inversión para poder seguir trabajando, pero no tuvo, ni mucho menos, el éxito de El vicari d’Olot. Sin embargo, en el resto del Estado fue mejor recibida. Aunque también tuve que estrenarla doblada fuera de Cataluña, y así seguir con mi cruz, atravesando el desierto.

 

Ventura Pons

 

 

 
LA ROSSA DEL BAR

 

DIRECCIÓ I PRODUCCIÓ

VENTURA PONS

 

GUIÓ

RAÚL NÚÑEZ i VENTURA PONS

 

CAP DE PRODUCCIÓ

JOSEP GUERRERO

 

MÚSICA

GATO PÉREZ

 

FOTOGRAFIA

TOMÀS PLADEVALL

 

MUNTATGE

AMAT CARRERAS

 

ART DIRECTOR

ISABEL TORRAS

 

SOLICIO

MARCOS DE OLIVEIRA

 

Una producció de Els Films de la Rambla, S.A. i Lauren Films P.A. S.A

 
LA ROSSA DEL BAR
 
LA ROSSA DEL BAR

Troia (Portugal)

Cartagena de Indias, Bogotá i Medellín (Colòmbia)

Bordeaux, Nantes, Dijon, Lyon, Toulouse i Annecy (França)

Milano (Itàlia)

AC/Los Angeles i LC/New York (USA)

London (UK)

Belgrad (Sèrbia)

Caracas (Veneçuela)

Tel-Aviv, Haifa i Jerusalem (Israel)

Varsòvia (Polònia)

Buenos Aires (Argentina)

Montevideo (Uruguai)

Huelva i Málaga (Espanya)

 

Premis:

Premio a la Mejor Película de Habla Hispana del Festival del Film de Autor de Málaga.

Premio de Especial Calidad del Ministerio de Cultura.

Premis Generalitat a Núria Hosta (Millor Actriu) i Tomàs Pladevall (Millor Tècnic)

 

 

 

 

 
LA ROSSA DEL BAR

ROSSA DEL BAR

 

Hay varias cosas altamente agradables en esta película. Una es que tiene sentido cinematográfico, está concebida y narrada cinematográficamente. No deja de ser este un elogio un poco shocking en cuanto eso es lo mínimo que se debería pedir a una película, pero resulta necesario en estos tiempos en que casi todas las películas se limitan a fotografiar diálogos. En "La rubia del bar", la cámara no sólo sigue la acción de una manera elegante y fluida, sino que la modula calculadamente, como los largos travellings que acompañan a los protagonistas para -clásicamente- exaltar el vértigo de la pasión amorosa y celebrar el escenario en que se mueve Barcelona. Antes que nada, la película quiere ser un himno a una Barcelona popular, desgarrada y viva, como sugiere la escena en que el escritor y su rubia contemplan la ciudad desde Montjuich, análoga a una escena de "Manhattan" y que, no por azar, viene tras pasar delante de un cine que anuncia "La rosa púrpura del El Cairo". La grúa final que se eleva sobre la Plaza Real -un plano clásico de conclusión que ya nadie se molesta hoy en rodar- es significativa como gesto de respeto a toda una tradición visual del cine.

 

Otra cosa agradable de esta película es que su decidida voluntad de estilo no se confunde con una sobrecarga de pretensiones, una plaga corriente entre nuestras actuales producciones subvencionadas. Se trata de contar una historia urbana de marginales, claramente dirigida a un público popular, que podría ser una versión "Pigmalión" adaptada por Bukowski. Aunque también cabe ver ecos de "Desayuno no diamantes", en lo que tiene de apólogo sobre la influencia de las chicas fáciles en las vocaciones literarias, y de "Irma la dulce": tres títulos claramente indicativos de toda una tradición de comedia romántica, aunque no hay aquí happy end.

 

De forma muy estilizada, con personajes duros -en apariencia- y una historia algo agria se nos propone una película tierna, tiernísima. Otra cosa agradable, en fin, es la interpretación, muy medida -para algo tiene el director una experiencia teatral que muy pocos cineastas españoles tienen- donde los protagonistas son perfectos dobles de sus personajes, empezando por la debutante Núrias Hosta, una revelación.

José Luis Guarner

FOTOGRAMAS

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