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© 2015 ELS FILMS DE LA RAMBLA S.A. ||  VENTURA PONS

Manjar de Amor es la historia de estos ingenuos personajes y su despertar a la dura realidad de la vida.

VENTURA PONS

2001
MANJAR DE AMOR
MANJAR DE AMOR

Paul, un joven y talentoso estudiante de música es contratado en San Francisco para pasar las páginas de la partitura en un concierto de Richard Kennington, uno de los pianistas más famosos del mundo. Además de diligente, Paul es extremadamente atractivo, hecho que no pasa desapercibido para Kennington y su agente Mansourian, dos hombres en la cima de sus respectivas carreras. Kennington y Paul vuelven a encontrarse en Barcelona, donde el joven está de vacaciones con su madre, Pamela, que intenta olvidar el trastorno producido por el abandono de su marido. Paul y Kennington se enamoran, pero este amor tiene implicaciones muy distintas para los dos hombres. Kennington regresa a su casa precipitadamente, huyendo de un mayor compromiso en la relación. Al mismo tiempo, Pamela empieza a recuperarse y a ganar la confianza perdida mientras se da cuenta de que Paul ha dejado de ser un niño.

 

A su regreso a los Estados Unidos, Paul descubre que su carrera no se desarrollará como hubiera deseado, sencillamente porque no tiene suficiente talento para ser concertista y se deja llevar por la vida cómoda de Nueva York. Pamela luchará por el futuro su hijo y la experiencia vivida servirá a madre e hijo para aprender a construir una relación más profunda. Manjar de Amor es la historia de estos ingenuos personajes y su despertar a la dura realidad de la vida.

 
MANJAR DE AMOR
VO/

JULIET STEVENSON

ALLAN CORDUNER

PAUL RHYS

KEVIN BISHOP

GERALDINE McEWAN

 

DAVID LEAVITT- AUTHOR OF THE NOVEL

VENTURA PONS - DIRECTOR

THE SHOOTING

 
MANJAR DE AMOR

El porqué de Food of Love

 

Toda película comporta explicar una historia. Una buena historia. Cuanto más buena, mejor. Detrás de cada proyecto que he iniciado como hombre de cine, siempre se encuentra mi placer, mi fascinación, mi pasión, mi complicidad, mi necesidad, diría, de explicar, de implicarme, de sumergirme profundamente en la historia que he escogido. No entiendo el cine de otro modo. Y, evidentemente, todos estos sentimientos afloran ahora, al plantearme Food of Love.

 

Food of Love es un proyecto basado en la novela The Page Turner del famoso autor norteamericano David Leavitt. Originalmente publicada en los Estados Unidos por la editorial de Boston, Houghton Mifflin Company, conozco el texto a través de la edición que, en castellano y con el título Junto al pianista, la editorial Anagrama publica en España en abril de 2000.De todos modos, mi interés por el autor no es nuevo, de hecho se remonta a hace más de una década, desde que leí sus primeras historias: ¡y ya han pasado más de quince años, quién lo diría!. Quizás sea necesario hacer una pausa para explicar el porqué de este interés.

 

Tuve la oportunidad de conocer el primer texto de David Leavitt, un libro de relatos cortos, Family Dancing, en el momento de su publicación. Me lo pasó en El Cairo, David Schorr, amigo de Nueva York, profesor de la Wesleyan University, con quién había quedado para conocer Egipto. Se sentía especialmente orgulloso, ya que el joven Leavitt, creo recordar, había sido un brillante alumno suyo en la Universidad y estaba haciendo un debut sensacional como escritor. De hecho, con este primer libro, Leavitt fue finalista tanto del National Critics Circle Awards como del PEN/Faulkner Prize. Lo devoré, literalmente. Las historias de Leavit tenían algo especial. Detrás de la mayoría de ellas, intuía un mundo no únicamente cercano, a pesar de la aparente distancia geográfica, sino también especialmente identificable y al mismo tiempo muy cinematográfico. Desde entonces, y no sabría decir porqué, siempre que he leido un texto de Leavitt he experimentado esa proximidad temática, pero, sobre todo, he visto los textos con la mirada, tergiversa y condicionada, de mi oficio. Físicamente, Leavitt situaba sus historias en los Estados Unidos y más tarde, con el tiempo, también en Europa. Pero a pesar de ello, las sentía muy mías, las encontraba muy cercanas. Lo que describe, lo que explica acerca de los comportamientos, de la moral, de las costumbres de nuestra civilización occidental, se nos ha hecho cercano, reconocible. Supongo que, sobre todo, por motivos obvios, gracias al cine.

 

Poco tiempo después, Leavitt dejó a más de uno con la boca abierta y nos sorprendió a todos con su segundo libro, The Lost Language of Cranes, una novela densa, comprometida y sin concesiones, que lo consagró como autor de prestigio y fue llevada al cine en 1991, en una adaptación producida por la BBC, dirigida por Nigel Finch. Quedaba claro que alguien más veía las posibilidades cinematográficas de Leavitt. Entre la publicación de este libro y antes de que se rodara la película, David pasó un año en Barcelona, mi ciudad, invitado con una beca de la Institució de les Lletres Catalanes. Cuando llegó, me llamó por teléfono ya que mi amigo de Estados Unidos le había hablado de mí. Durante unas semanas le ayudé a introducirse en el mundo de la ciudad, cosa que hizo rápidamente y más adelante no nos vimos apenas. Desde entonces, hemos coincidido en alguna ocasión en Nueva York, en casa de amigos comunes.

 

Pasaron diez años, años de mucho trabajo para ambos y, de repente, descubro The Page Turner. Y los mismos sentimientos que había experimentado años atrás afloran de nuevo. El significado estaba más que claro. El libro y el mundo que describe David Leavitt me permiten avanzar por el camino que tanto me atrae y que no es otro que el de compartir mi cine con las implicaciones temáticas que emanan de nuestro entorno generacional, social y cultural. Un entorno amplio, conocido y vivido, el de nuestra civilización occidental.

 

¿Por qué la gente no puede tener lo que quiere? ¿Cuáles son los resultados de la falta de educación sentimental para los jóvenes homosexuales en el mundo occidental? ¿Es realmente tan fácil que la vida te corrompa si no estás en guardia? ¿Es honesto no luchar duro con el fin de conseguir la realización personal? ¿Cuál es el precio y qué sentido tiene la coherencia personal en una sociedad como la nuestra? La originalidad que encuentro en The Page Turner, es que estas preguntas, precisamente van más allá del contexto gay y norteamericano en el que están descritas, configurando un microcosmos, al mismo tiempo trágico y cómico, intenso y ligero, diáfano y complejo, culto y naíf, maduro y tierno pero, por encima de todo, conmovedoramente universal.

 

La novela me inspiró inmediatamente una traducción cinematográfica muy personal. En el guión, he cambiado el viaje que hacen los protagonistas de Roma a Barcelona, sin que esto comporte una disminución del impacto emocional que el entorno geográfico tiene en la narracion y de paso acerco, justifico, encuadro verosimilamente la acción en España. También me he permitido convertir a Kennington y Mansourian, originalmente norteamericanos, en británicos, para europeizar el film e introducir, sin que se note nada forzado el título, que como es fácil deducir, he tomado prestado de los dos primeros versos que Shakespeare pone en boca de Orsino al principio de Twelfth Night. He situado la acción, no solamente alrededor del despertar de Paul al mundo de los adultos sino también del despertar a una nueva vida que se produce en Pamela, su madre, una mujer trastornada por la pérdida y el hundimiento de un mundo que creía sólidamente arraigado. Trastorno aumentado por la inquietud que le causa el desubrimiento de la inclinación sexual de su hijo.

 

Lo que me interesa de Food Of Love es que por una parte tenemos un mundo en construcción, el de Pamela y su hijo, y por otra el mundo establecido, del pianista y su representante, que son dos mundos opuestos pero complementarios. Aunque en el fondo, ni unos son tan puros ni los otros tan malvados y en la matización de los móviles creo que se halla la esencia de la historia. Me parece que es necesario explicarlo todo del modo más sencillo posible y que lo más importante es ahondar en el interior de los cuatro protagonistas porque hay en ellos mucha verdad a descubrir.

 

Mi modo de hacer cine me parece difícil de definir. Es más, creo que no soy la persona indicada para hacerlo. Siempre intento encontrar temas muy personales, que me afecten profundamente e impliquen un estilo muy personal. Las historias que escojo no son nunca fáciles ni convencionales y siempre comportan un riesgo implícito. Son historias basadas en personajes y esto se debe al gran placer que experimento trabajando con actores. Soy de la escuela de la interpretación, de los personajes, del texto, de la palabras... Siempre me han gustado directores tan distintos, pero tan cercanos a estos planteamientos, como Mankiewicz, Rohmer o Woody Allen... Al mismo tiempo, siento una inmensa atracción por el paisaje urbano de Barcelona. En este caso, creo que existe una relación muy profunda entre mi ciudad y mi trabajo... Me interesa el mundo de los perdedores; pero si uno hace ese tipo de películas, va a contracorriente, dado que el cine es como una vía de escape y los espectadores que prefieren ver soñar a ganadores natos. Mi gusto también consiste en explorar y explicar temas sobre la necesidad que todos tenemos de amar, de comunicarnos, de encontrar nuestra media naranja. El hecho de que, en el fondo, todos nos necesitamos los unos a los otros, es muy importante aunque muchas veces veo que se habla de este tema con cierta frivolidad. Me doy cuenta de que siempre acabo dando vueltas alrededor del mismo tema. Amar y ser amado. El gran tema.

 

Food of Love no es sólo una historia que me atrae, también encaja perfectamente con el tipo de películas que me gusta hacer; principalmente basadas en personajes que me permiten trabajar con un sólido reparto, con actores provenientes en su mayor parte del mundo del teatro. La comprensión mutua entre el director y los actores es algo que considero absolutamente imprescindible. Necesito de esa compenetración. Me gusta hablar de los detalles, de los motivos de los personajes que estamos creando juntos. Creo firmemente que la disciplina teatral de los actores ayuda inmensamente a construir las películas que dirijo.

 

Una película se basa en tres elementos: historia, narrativa y reparto. Si uno de los tres no encaja bien o falla, el resultado final es más que dudoso. Este proyecto, basado en la posibilidad de contar con actores ingleses excepcionales que estamos seleccionando en Londres, conjuntamente con Leo Davis, cuenta con la garantía de la rigurosidad interpretativa y del sólido oficio de todos ellos, incluso los más jovenes. Creemos que la aportación profesional de estos actores, unidos a los muchos españoles que completan el reparto en pequeños papeles, otorgará a la película un interés que emanará, no de excesivos y, a nuestro entender, innecesarios costos de producción, sino primordialmente de su reconocida calidad interpretativa.

 

El concepto es la base de la mise-en-scène en el cine y es el director quién da sentido a la historia. En una película de ficción, se debe seguir la idea, el criterio que da unidad y significado a todos los elementos que participan en la misma. Luces, decorados, actores, ritmo, música, montaje, todo debe estar de acuerdo con el concepto del director. No soy partidiario de empezar a trabajar hasta tenerlo todo claro, ya que considero que esta profesión requiere mucha reflexión y ésta se debe hacer antes del rodaje. Una de las cosas que he aprendido es a seguir el concepto hasta el final. Para bien o para mal. Supongo que es uno de los atractivos de mis películas. No se trata únicamente de un riesgo temático; también intento siempre asumir un riesgo narrativo. Food of Love requiere una narración, un tratamiento ordenadamente contínuo. Soy consciente de mi tendencia a explicar historias cronológicamente discontinuas y también de mi reputación por crear frisos minimalistas como se puede ver en mis películas más recientes. Pero, por encima de todo preciosismo, creo que el concepto narrativo debe estar al servicio de la historia y no al contrario. En este caso, Food of Love requiere un orden cronológico y un tratamiento sencillo.

 

Siempre he defendido un cine donde la calidad y la creatividad primen sobre los grandes medios; un cine de ideas y de contenido. Espero convertir en realidad todas las aspiraciones que me han llevado a iniciar Food of Love. Espero que el público, tanto el que con probado interés ha seguido mis trece producciones anteriores como el integrado en todo el mundo por los numerosos y fieles lectores de David Leavitt, que muy probablemente estarán interesados en esta segunda adaptación de una novela suya al cine, comprenda y disfrute de esta propuesta en la que tanta ilusión depositamos.

 

Ventura Pons

 

 
MANJAR DE AMOR

 

DIRECCIÓN y PRODUCCIÓN

VENTURA PONS

 

GUIÓN

VENTURA PONS

 

basado en la novela THE PAGE TURNER

de DAVID LEAVITT

 

PRODUCTORES EXECUTIVOS

THOMAS SPIEKER & MICHAEL SMEATON

 

PRODUCTORES ASOCIADOS

GEMMA FOLCH, MONIKA GANZENMÜLLER y PETRA SHEPELER

 

DIRECTORA DE PRODUCCIÓN

AINTZA SERRA

 

MÚSICA

CARLES CASES

 

DIRECTOR DE FOTOGRAFÍA

MARIO MONTERO

 

MONTADOR

PERE ABADAL

 

ART DIRECTOR

BEL.LO TORRAS

 

VESTUARIO

MARÍA GIL

 

SONIDO DIRECTO

BORIS ZAPATA

 

DIRECTORES DE CÁSTING

LEO DAVIS y PEP ARMENGOL

 

Una producción de

ELS FILMS DE LA RAMBLA, S.A.

 

en asociación con

42ND STREET PRODUCTIONS, S.L. y FFP MEDIA ENTERTAINMENT, Gmbh

 

con la ayuda de EURIMAGES

y con la participación de VÍA DIGITAL, TELEVISIÓN ESPAÑOLA y TELEVISIÓ DE CATALUNYA

 

 
MANJAR DE AMOR
 
MANJAR DE AMOR

Berlín y Wunsiedel (Alemania)

 San Francisco, Miami, Chicago, San José, San Diego, Philadelphia y New York (USA)

Paris, Nantes y Grenoble (Francia)

Torino (Itália)

 Bruselas (Bélgica)

Montréal (Canada)

Londres (UK)

Istambul (Turquia)

Tel-Aviv, Haifa y Jerusalem (Israel)

Varsovia (Polonia)

Espoo (Finlandia)

Oslo (Noruega)

Tokio y Osaka (Japón)

Santo Domingo (Rep. Dominicana)

Lisboa (Portugal)

Copenhague (Dinamarca)

Bogotá (Colombia)

Gotemborg (Suecia)

Berna (Suíza)

Rio de Janeiro (Brasil)

México (México)

Out Takes FF (Nueva Zelanda)

Praga (Rep. Checa)

Bucarest (Rumania)

Huesca y Valladolid (España)

Belgrado (Serbia)

México D.F. y Monterrey (México)

Festival de Quito (Ecuador)​

 

Premios:

Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes. Trayectoria Profesional Ventura Pons (Cartelera Levante València).

Mejor Música: Carles Cases: Premios Barcelona (Premios Directores Cataluña)

 

 

 

 
MANJAR DE AMOR

DESCUBRIR Y DESCUBRIRSE

 

Una vez más, el cineasta Ventura Pons, como cada año, estrena su siguiente película en febrero, al tiempo que se proyecta en el Festival de Berlin fuera de concurso. Todo parece transcurrir según un programa previsto, salvo la película en sí misma. Otra adaptación, sí, pero esta vez de un autor foráneo como el novelista David Leavitt y rodada en inglés con actores británicos que se hacen pasar, con éxito, por norteamericanos. Desde el punto de vista argumental, Manjar de amor podría situarse en el otro extremo de lo que el mismo Pons contaba en Amigo Amado, es decir, en el despertar de la homosexualidad de un hombre joven, casi un adolescente todavía, que se convierte en objeto de deseo de un afamado concertista de piano al que ha conocido pasándole las páginas de la partitura durante una actuación y en paralelo el despertar de la madre del mismo individuo a aspectos de la vida a los que había permanecido perfectamente ajena, como la actividad extramatrimonial de su pareja y el descubrimiento y la aceptación de la homosexualidad de su hijo.

 

Esta doble historia iniciática, en torno a dos personajes en sí mismo vulgares, crece y se complica en un entramado de celos y traiciones, pero sobre todo de autoaceptación. Ventura Pons, ayudado sin duda por esos actores excepcionales y por un sentido de la puesta en escena y una transparencia narrativa reservada a un reducidísimo grupo de directores de todo el mundo en el que apenas cabe algún otro español, consigue que su historia sea creíble y convincente, en un equilibrio perfecto entre el distanciamiento y la pasión, fórmula sugerente que se tiñe de especial ironía en la parte del relato que transcurre en Barcelona, momento en el que Ventura Pons se muestra capaz de adoptar la mirada tópica del turista y superponer la del profundo conocedor de la belleza y el espíritu de la ciudad en que nació. Este cineasta singular, logra hacer perfectamente suyo un relato ajeno, satisfacerse a sí mismo, como creador y seguramente como individuo, respetando y estimulando la inteligencia del espectador.

 

 

Alberto Bermejo

El Mundo

El director catalán Ventura Pons, da un nuevo paso en su interesante filmografía con Manjar de amor, que ha rodado integramente en inglés -y en inglés debe verse, tanto por la calidad de sus intérpretes como porque trata de americanos en Barcelona- y en buena medida en Nueva York. No sería justo decir que esta película repite las fórmulas de películas anteriores, que eran adaptaciones de buenos textos teatrales basadas en secuencias muy sencillas, de dos a dos, interpretadas por actores excelentes y frecuentemente estructuradas geométricamente. Aquí hay detrás una novela de David Leavitt, The page Turner, que cuenta una historia única y obliga al adaptador a seguir una línea narrativa continuada y al mismo tiempo desarrollar tramas secundarias de singular relieve.

 

El conflicto principal -el descubrimiento de la homosexualidad y de la necesidad de asumir las consecuencias del amor por parte de un joven aspirante a pianista- afecta muy directamente a otros cuatro personajes, su madre y sus tres sucesivos amantes, en un breve período de tiempo, cuyas existencias y contradicciones adquieren en la narración de Ventura Pons el relieve justo sin que ello vaya en detrimento del desenvolvimiento, y su conocimiento por parte del espectador, de la trama central. Eso imprime a la película una complejidad muy superior a lo que estamos acostumbrados a ver en películas de temática gay.

 

Food of love tiene ese aspecto inconfundible de película europea adulta que tanto escasea en nuestro cine, pero que es moneda común en cinematografías próximas. No es un gran espectáculo, sino una película de pequeño presupuesto, pero ajustado a las necesidades de la historia, todas las cuales se cubren con creces dando como resultado un acabado brillante. Habla de los sentimientos y no sólo los del protagonista que pasa por un peculiar proceso iniciático, sino también los de los hombres que inciden en esa difícil trayectoriay los de su madre, ignorante primero del secreto de su hijo y perpleja y abrumada después por su descubrimiento. Todas las escenas de este personaje, que introducen un humor fino e inteligente en la película, están muy conseguidas y son especialmente destacables momentos como el hallazgo del calzoncillo del joven en la habitación del hotel del hombre al que ella con un despiste cósmico, pretende seducir, la reunión de madres homosexuales o la bonita escena final en la que por primera vez madre e hijo logran hallar el uno en el otro la comunicación y la ternura.

 

Como realizador, Pons rueda muy bien, con un estricto sentido de la funcionalidad expresiva. Sus planos son limpios, bien encuadrados y fotografiados por Mario Montero con un buen gusto casi canónico. Una magnífica partitura de Carles Cases, uno de nuestros compositores cinematográficos más dotados y que nunca baja el listón, redondea esta pequeña pieza. Todos los actores están muy bien y el director los trata con mimo, dándoles los planos que les corresponden. A los mayores -Juliet Stevenson, Paul Rhys y Allan Corduner-los habíamos visto esporádicamente, pero son grandes actores de segura experiencia probada desgraciadamente a nuestras espaldas. El protagonista, Kevin Bishop, consigue estar a la misma altura.

Fernando Méndez-Leite

GUÍA DEL OCIO

MANJAR DE AMOR

 

Es imprescindible poseer la madurez adquirida por Ventura Pons para abordar una historia de dolorosos aprendizajes como la que cuenta Manjar de amor.

 

Sin renunciar a su absoluta libertad como productor, aun equipo técnico consolidado película tras película, a unos temas sobre los que vuelve una y otra vez sin miedo a repetirse, ni a un estilo que ya brilla con luz propia, el cineasta catalán ha rodado su primer film en inglés sin tampoco modificar su preciso ritmo de trabajo ni prescindir de Barcelona como el mejor de los platós posibles. Le ha bastado con recurrir a la magia del cine e introducir un pequeño cambio geográfico en una novela de David Leavit, un escritor que conoce bien la capital catalana, para hacerse totalmente suya una historia de resonancias universales.

 

Las únicas, inevitables, víctimas de ese salto cualitativo hacia adelante son los actores con los que Pons trabaja habitualmente. Rosa Maria Sardà debe estar mordiéndose las uñas por haber hecho novillos en la academia de idiomas; en cambio, el director de Anita no pierde el tren no ha tenido ningún problema en manejar a su antojo a un espléndido elenco de actores británicos encabezados por el joven Kevin Bishop, el veterano Allan Corduner o la versátil Juliet Stevenson.

 

Todos ellos aportan los dúctiles resortes que permiten que el film se introduzca por vericuetos tan arriesgados como apasionantes. El descubrimiento del deseo y de la pasión, la frustración, la mentira y los celos subsiguientes o la asunción de las limitacions de la genialidad artística son algunos de los acordes de la partitura que este film ejecuta sin pudor y sin complejos. Exquisito en su sensibilidad y amargo cuando lo precisa, si de algo peca Manjar de amor es de exceso de ambición. Síntoma ineludible del inicio de una nueva etapa en la filmografía de Ventura Pons que, el tiempo lo dirá, impide la vuelta hacia atrás.

 

Esteve Riambau

FOTOGRAMAS

PRODIGIOSO TOUR DE FORCE

 

Con un ritmo de película anual, inédito y se diría que hasta suicida, Ventura Pons viene edificando una filmografía de progresiva ambición y talante autoral. Cineasta que sabe pulsar las emociones y transmitirlas en imágenes, su nuevo filme está protagonizado por un alumno aventajado del conservatorio, pianista con expectativas y asimismo expectante ante una vida, la suya, llena de interrogantes. ¿Posee verdadero talento musical? ¿Debe afrontar su identidad sexual? Deslumbrado y seducido por un pianista de éxito, confrontado con una madre divorciada que desconoce la condición homosexual de su hijo, el protagonista debe convertir sus dudas en certezas. En su primera película rodada en inglés y con actores anglosajones, Ventura Pons asume de nuevo materiales ajenos -la novela "Junto al pianista", de David Leavitt- que convierte en propios. Hay gran riesgo en este filme, admirablemente construido y narrado, que orilla convenciones y la tentación moralista o militante, para adentrarse en el terreno del más noble melodrama.

Lluis Benet

La Vanguardia

EL PASADOR DE PÁGINAS

 

Ventura Pons es un poco como el Woody Allen catalán: rueda regularmente cada año una película con un diseño de producción similar; habla siempre de un mismo tipo de cosas, las relaciones humanas en la sociedad urbana actual aunque, a diferencia de Woody, suele partir de textos ajenos; y se ha buscado un nicho en el mercado que le permite trabajar a gusto, desmintiendo la leyenda de lo difícil que es hacer cine personal en nuestro país. Manjar de amor parte de una novela del americano David Leavitt, adaptada en esta ocasión por el propio Pons, y tiene un excelente reparto de actores británicos haciendo de americanos pero por lo demás se parece mucho a su cine anterior, dicho sea esto último como un elogio para un cineasta que sabe expresarse a través de historias ajenas: un texto, dice Ventura, es un pretexto para hablar de cosas que te interesan.Lo que le interesa aquí es contar la historia de un doble y accidentado despertar: El del protagonista Paul (Kevin Bishop), que pasa de volverle las páginas de la partitura a un cotizado concertista de piano (Paul Rhys) a dejarse seducir por él. Paul debe aprender a curarse las heridas que le produce el contacto con los dioses (la película cita explícitamente a Ganímedes, el único amante varón de Zeus, y Pamela a respetar la para ella escandalosa conducta de su hijo. Un doble conflicto generacional que Pons hace apasionante gracias a su habilidad para concentrarlo en una sucesión de escenas intensamente dramáticas, filmadas con admirable respeto por la verdad y la intimidad de los personajes.

Anotnio Weinrichter

ABC

A SUPERAR EL TÓPICO….

 

Manjar de amor se presenta como un inquietante retrato de pareja (madre e hijo), en el cual el desvalimiento de ambos queda paliado por la actitud valiente con que, más que dejarse vivir, asumen ambos su vida. Esa actitud libra a la película de moralinas y falsos clichés sobre el mundo gay- incluidos los positivos: aquí, quién más, quién menos, engaña a quién puede-, la hace densa en sensaciones contradictorias y enriquecedoras, y una segura recomendación para espectadores inteligentes.

Mirito Torreroi

El País

Una historia universal, próxima al corazón de cualquiera que haya amado o, llorado o sufrido alguna vezVentura Pons vuelve puntualmente a nuestras pantallas. Vuelve con una película tan personal como las que componen el resto de su filmografía, a pesar de que ya hace años que recurre a textos ajenos para inspirarse. Poco importa que la base argumenal de Manjar de Amor sea una novela del norteamericano David Leavitt. El cineasta catalán se apropia de ella, del mismo modo que lo hizo antes con las obras teatrales de Benet i Jornet o Belbel, y dirige una película intimista que llega directamente al corazón. Habla Ventura Pons en esta ocasión, sobre el despertar a la dura realidad. Y lo hace a través de dos personajes que parecen desubicados en medio de la vorágine que los envuelve: un muchacho que sueña con ser pianista y se siente atraído por hombres maduros y una madre que debe afrontar, primero el abandono de su marido y, después, la homosexualidad de su hijo. Fiel a sus historias y a su modo de hacer, Ventura Pons construye un relato minimalista y conciso, donde los personajes, siempre cercanos y creíbles, viven encuentros y desencuentros y se enfrentan cara a cara en espacios reducidos, desnudando sin pudor unos sentimientos que nos resultan comunes. Y es que el cine de Ventura Pons es universal. No porque se presente anualmente en una plataforma tan prestigiosa como la Berlinale, ni porque ahora esté rodado en inglés e interpretado por actores anglosajones -geniales todos ellos y en especial Juliet Stevenson- sino porque es un cine de emociones, muy próximo al corazón de cualquiera que haya amado, sufrido o llorado alguna vez.

Jorge Castillejo

LEVANTE (VALENCIA)

Rodado en inglés y protagonizado por personajes norteamericanos-interpretados por excelentes actores británicos de reconocida solvencia-, este nuevo largometraje de Ventura Pons confirma, una vez más, la madurez estética y moral de un cineasta de quien encontramos con sumo agrado una entrega anual que, de alguna manera, viene a complementar y a redondear apuntes, reflexiones o consideraciones que pertenecen ya a su propio universo, más allá de los diversos orígenes -literarios, teatrales- remitan a diferentes autores. En esta ocasión, Ventura ha adaptado la novela The Page Turner/Junto al pianista de David Leavitt, extrayendo el título original, Food of love, de una obra de Shakespeare, Noche de Reyes.

 

A partir de una historia sobre el despertar sentimental de un joven aspirante a pianista y las relaciones con su madre, Ventura Pons nos propone un film tremendamente sugestivo y sutil por el que discurren numerosas sensaciones en un segundo términ, tanto referidas a las actitudes de cada uno de los personajes como, sobre todo, a lo que conlleva el doble despertar a la realidad de esa madre y ese hijo, igualmente dobles en lo que se refiere a la sexualidad y a la vocación profesional. Un doble juego que afecta no sólo a la mayor parte de los personajes -evidente en el adolescente, quien cuenta además con su facilitador atractivo- en la madre con sus histerias, divorcio y reencuentro con el hijo, los diversos amantes del muchacho, los celos entre el pianista y el representante, etc. - sino también a la propia estructura y tono de la puesta en escena, siempre contenida a la hora de optar por un humor más explícito o sarcástico-las apariciones de la madre en el hotel, con el pianista resfriado, o en la fiesta de cumpleaños en busca de su hijo-, pero repleta de ironía incluso en las situaciones más cargadas de amargura.

 

También con enorme sutileza, sin subrayar el cambio de punto de vista narrativo, Manjar de amor aparece claramente dividida en dos partes, atenta la primera a las inquietudes del protagonista - y situada, además, en el contexto de unas vacaciones en una encantadora Barcelona - y a su fascinación sentimental y profesional, por el consagrado concertista, quien también empezó muy joven su brillante carrera, mientras que la segunda se deja conducir más por las iniciativas y descubrimientos de la madre, si bien ambas mitades, certeramente diferenciadas en sus contextos urbanos, dan oportunidades constantes al resto de personajes, sean compañeros, vecinas, amantes, amigos, etc. cuyas intrvenciones dotarán de un sentido más complejo las líneas fundamentales sobre las que trabaja un personaje desde la primera secuencia -el paso de las páginas de la partitura- y la última, contemplación del firmamento pintado en el techo del dormitorio.

 

Un gran film, que tiene mucho que ver con todo el cine de Ventura Pons y en particular con su admirable Amic/Amat -el protagonismo, relativo, de la homosexualidad y el desmenuzamiento de los territorios sentimentales y profesionales-, que cuenta con una perfecta fotografía de Mario Montero y una maravillosa banda sonora capitaneada por Carles Cases.

Antoni Llorens

Cartelera Turia

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