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© 2015 ELS FILMS DE LA RAMBLA S.A. ||  VENTURA PONS

Quince historias, contemporáneas y algunas históricas, donde en clave de humor, sarcasmo y valentía se pasa cuentas con el dolor, la vejez, la muerte y el amor pero sobretodo con la estupidez humana, sin concesiones, mirando a la cara el díficil equilibrio entre vida y miseria humana.

 

VENTURA PONS

2010
MIL CRETINOS
MIL CRETINOS

Quince historias, contemporáneas y algunas históricas, donde en clave de humor, sarcasmo y valentía se pasa cuentas con el dolor, la vejez, la muerte y el amor pero sobretodo con la estupidez humana, sin concesiones, mirando a la cara el díficil equilibrio entre vida y miseria humana.

 

 
MIL CRETINOS
VO/
 
MIL CRETINOS
VO/
 
MIL CRETINOS 

EL PORQUÉ DE ESTOS CRETINOS

Hace más de quince años, en junio de 1994, rodé mi primera película sobre textos de Quim Monzó, El perquè de tot plegat (El porqué de las cosas).

 

Con Quim, comparto décadas de amistad y diversos trabajos. Nos conocimos a raiz de la publicación, en 1978, de su primer libro de cuentos Uf, va dir ell (Uf, dijo él), libro que devoré y que me dejó absolutamente traspuesto por su originalidad, transgresión, ímpetu, capacidad de síntesis, modernez... Nos hicimos amigos y le propuese que escribiéramos un guión “original”. En aquella época andaba yo muy equivocado con un falso prurito, muy de cineasta europeo engagé y que luego obviamente (o santamente) he superado, de considerar que las películas debían partir de historias originales expresamente creadas para el cine, rechazando la gran tradición de las adaptaciones a partir de textos literarios.

 

El caso es que nos pusimos manos al guión y después de unos cuantos meses y muchas reuniones de trabajo lo dejamos por imposible (el texto debe yacer escondido en el desván de mi oficina) ya que no le veíamos consistencia dramática alguna que nos satisficiera. Más adelante cuando Monzó vivió un año en Manhattan, donde nos vimos bastante, le pedí que me tradujera al catalán las tres piezas teatrales que componen Torch Song Trilogy del gran Harvey Fierstein y que estrené, más bien con pena que con gloria, con el título deTres boleros una aciaga noche de frío y nieve en la Barcelona del invierno del 82.

 

Durante más de una década Monzó siguió escribiendo, tentó la novela, pero yo estaba colgado de sus relatos que leía apasionadamente, libro tras libro, mientras seguía haciendo cine. En el 93 cuando publicó El perquè... es cuando me planteo una obviedad; si lo que me gustan son los relatos, porqué no intentar buscarles una traslación cinematográfica. Esta historia la he contado un montón de veces; releo todo Monzó, voy fotocopiando los textos que me interesan y los divido en dos montones. El más grande corresponde, con diferencia, a relatos realistas sobre problemas en las relaciones humanas: comunicación, amor, desamor, deseo, encanto, desencanto y unos cuantos, pocos, el montoncito pequeño, son los de clave fantástica. Hurgando en estos últimos me doy cuenta de que hay dos, uno sobre la voluntad – el del hombre empeñado en enseñar a hablar a una piedra – y otro sobre la duda – el del buscador de setas, que luego interpretó el gran y añorado Pepe Rubianes, que se encuentra en el bosque con un gnomo, un enanito con malas pulgas, que le ofrece lo que quiera, pero él duda, no sabe ni qué espera ni qué desea de la vida. Veo que ambas historias son como las dos caras de la misma moneda, la voluntad y la duda, las dos piezas que mueven el motor de la vida y las utilizo para enmarcar un friso minimlista con trece historias más, realistas, de por medio.

 

Con las historias realistas armé el esqueleto interno del film que, conceptualmente, se me ocurrió ordenar con estructuras dramáticas diferentes. Mezclé monólogos a cámara, dialogación tradicional, historias explicadas con voz en off, y así me fué creciendo ese friso tremendamente divertido, jugando con distintos conceptos narrativos con variaciones en su tratamiento. El placer por lo nuevo, por el no repetirse que es una constante de mi trabajo, que me viene ya del teatro.

 

Cuando le expuse a Quim que tenía en la cabeza llevar sus cuentos al cine, me dijo que era imposible. Luego, al leer el guión, me dijo algo parecido a lo que años después me repitió David Leavitt con el guión que había escrito de su The pageturner, título que cambié por Food of love: ambos no veían, no se enteraban de las posibilidades cinematográficas de sus textos. Un libro es un libro y una película, una película, así de simple. Mi mirada es la del cineasta que encuentra una historia ajena en la literatura y que la convierte en propia. El perquè.. me sirvió para reflexionar sobre la vida y el trabajo, en clave de entretenimiento. Significaba a la vez la necesidad de buscar nuevos temas y conceptos narrativos que iban a llegar con mis próximas películas.

 

¿Porqué volver a Monzó después del éxito de El perquè..? Creo que es muy fácil explicarlo. Sigo adorando sus cuentos, creo que cada vez son más hirientes y el contenido temático de su última obra sufre una evolución pareja a la que he experimentado personalmente o como supongo la mayoría de mi generación. Quim, con los años, ha derivado desde su indagación alrededor de las relaciones humanas hacia “pasar cuentas con el dolor, la vejez, la muerte y el amor” pero sobretodo con la estupidez humana, sin concesiones, mirando a la cara el díficil equilibrio entre vida y miseria humana. Sin renunciar para nada al siempre omnipresente humor, pero la vida, con los años, se ve de otra manera.

 

Pero sobretodo me he metido en este poyecto porque dándole muchas vueltas he encontrado una estructura narrativa absolutamente distinta. Mil cretins no tiene nada que ver con el friso minimalista de El perquè... Conceptualmente se me ha ocurrido establecer una narración divida en tres partes – una pequeña burla de los tres actos convencionales – que presenta un hipotético narrador, escritor de guiones de cine. En la primera nos encontramos con ocho historias sobre la permanente estupidez de estos pobres insectos,los humanos, de corte contemporáneo. En la segunda, revisamos seis cuentos históricos con situaciones y personajes míticos, reales o no, que más da, de todos conocidos y por eso será explicada como si se tratara de cine mudo – una opción que me parece muy divertida, a la vez que de paso redimos homenaje a la gran tradición escenográfica catalana de inicios del siglo XX. En la tercera, donde sólo hay una historia, el escritor asiste desesperado a la never ending agonía de sus ancianos padres que le obliga a revisitar su infancia, su vida familiar. Él no puede más y casi entra en una depresión pero finalmente será salvado por la aparición de los personajes de los catorce episodios que hemos visto en las dos primeras partes, el fruto de su imaginación, que le piden que no les abandone y que siga con ellos más y más. Es decir, la propia capacidad de creación, de inventiva, tu dedicación a un trabajo que da sentido a tu existencia te puede salvar del triste paso por la vida.

 

Estructurar, dar continuidad y tener un discurso coherente, desde el punto de vista cinematográfico, utilizando diversos cuentos no es fácil, pero a mí, precisamente, me gustan las cosas difíciles. Y ahora que reincido en este salto de circo lo hago con la red de seguridad que supone el maravilloso éxito internacional que tuve con mi primer Quim. Éxito que nos ganamos a pulso ya que nadie creía en la película pero como, con el trabajo y las ideas, soy muy tozudo, luché y a la vista están los resultados. Con el tiempo he ido descubriendo el gran placer que me produce jugar con estructuras distintas y embarcarme en construcciones narrativas diferentes de la convencionales. Es un poco la marca de la casa.

 

Mil cretins va de todo ello, de las historias de Quim, de mi gozo por lo nuevo y de la confianza que tengo en que el público lo querrá compartir con nosotros.

 

Ventura Pons 

 

 
MIL CRETINOS

Una producción de

ELS FILMS DE LA RAMBLA, S.A.

 

con la colaboración de

TELEVISIÓN ESPAÑOLA, S.A.

TELEVISIÓ DE CATALUNYA, S.A.

 

Guión de

VENTURA PONS

 

Basada en la obra de

QUIM MONZÓ

 

Dirección y Producción

VENTURA PONS

 

Directora de Producción:

MAITE FONTANET

 

Música:

CARLES CASES

 

Fotografia:

JOAN MINGUELL

 

Montaje:

PERE ABADAL

 

Art Director:

BEL·LO TORRAS

 

Ayudante de dirección:

FINA SENSADA

 

Sonido Directo:

ALBERT GAY

 

Laboratorio:

IMAGE FILM

 

Estudio Montaje y Sonido:

INFINIA

 

Distribución a España y Andorra:

BADITRI

 

Distribución Internacional:

LATIDO

 
MIL CRETINOS
 
MIL CRETINOS

Seattle, (USA) 

Montpeller (Francia)

Taormina (Itália)

Moscou (Rusia)

Bogotà (Colombia)

Manchester (UK)

Luxembourg (Luxembourgo)

Belgrad (Serbia)

Istanbul (Turquía)

Varsòvia (Polónia)

Galway (Irlanda)

London SC (UK)

Manila (Filipinas)

L'Havana (Cuba)

Caracas (Venezuela)

Santo Domingo (República Dominicana)

México DF (México)

Bombay & Chennai (Índia)

Santiago de Compostela (España)

Heidelberg ( Alemania)

 

Premios:

Ventura Pons: Zlatni Pecât (Belgrado, Serbia)

 
MIL CRETINOS

Tras un único pinchazo serio en su ya larga y fértil carrera, la precedente 'A la deriva',Ventura Pons recupera en 'Mil cretinos' su mejor músculo, el de la etapa en que encadenaba una pieza maestra tras otra ('Actrices', 'Caricias', 'Amigo/Amado') y que precisamente abría 'El perquè de tot plegat', una película de “sketches” inspirada, como la que ahora nos ocupa, en un libro de relatos de Quim Monzó. Pons capta y transmite muy bien esa brillante mirada irónica a la absurdidad que rige las conductas humanas, tan característica de Monzó, pero acaso eche un barniz de alegría a su espíritu, más negro en la página escrita que en la pantalla. Por lo menos en los dos espisodios de la residencia de ancianos, que en Monzó tenían una profunda amargura que ahora ha perdido, probablemente por las interpretaciones jocosas de Joan Crosas (el primero) y Joan Borràs y Carme Molina (el otro).

 

Pero, como de costumbre en las comedias corales de Pons, la fluidez de la narración y la elegancia de la puesta en escena, la exquisita dirección de actores (un multirreparto en estado de gracia) y la hábil interconexión de personajes entre episodios distintos atesoran un “savoir faire” mayúsculo. Pons consigue, por ejemplo, que un relato tan preciso en su escritura, en las palabras, como el de la anciana solitaria que se despoja de sus objetos (cuyo plano final es casi un “remake” de 'La conversación' de Coppola), sea ciento por ciento visual: sin una línea de diálogo. ¿El mejor “sketch”? Hay un puñado de buenísimos, pero si hay que señalar uno, este crítico se quedaría con el del escritor consagrado y el joven aspirante a escritor y fan suyo. Y luego está ese desfile de cuentos y leyendas clásicos formulados como cine mudo, todo un desafío estético, bellísimo, digno del Rohmer de 'Perceval el galo'.

Jordi Batlle

Fotogramas

Ya que tiene un título numérico, completémoslo con algunas cifras: “Mil Cretinos” adaptación de 15 relatos de Quim Monzó, es la película número 22 de Ventura Pons, que celebra con ella el 25 aniversario de su productora, Els Films de la Rambla. Hecha la matemática, la estética: Pons retoma la línea iniciada hace 16 años con “El porqué de las cosas”, su primera reelaboración del mundo literario de Monzó, y que propicio una notable serie de títulos posteriores, modelos casi todos ellos de un cine de base literaria de carácter bien poco académico que todavía está por reconocérsele (Ventura, niño mimado de los festivales internacionales, suele quejarse del poco eco de su trabajo en España o, al menos, fuera de Catalunya).

 

Sus últimos films habían decaído un poco respecto al nivel de “Caricias” y “Morir (o no)” pero ahora el Ventura Pons estructural, o como prefiere él, minimalista, retorna en todo su esplendor. Estamos ante una obra fuertemente narrativa, también, por la separación en capítulos y el interruptus continuo de una narración modular que recomienza a cada poco, por los sutiles ecos y rimas entre las viñetas, por la presencia de un narrador que es un trasunto conjunto de Pons y Monzó, y por ese maravilloso final pirandelliano en el que el narrador se ve vindicado por sus criaturas. Además, está el trabajo siempre sorprendente y notable de unos actores que no son los de siempre, precisamente (si bien aparece Julieta Serrano), que no tratan de hacerse querer, que no se empeñan en sobreexplicar a sus personajes. Y finalmente está la presencia en sordina pero elocuente y pregnante de una ciudad que nos recuerda que Pons es el emblema de una “escuela de Barcelona” formada por él solo. A ver si consigue ser por fin profeta en su tierra.

Antonio Weinrichter

ABC

El cineasta divide el film en tres periplos, en uno de los cuales rinde homenaje a la escuela “noucentista” y a los orígenes del cine. Casi un Rohmer.

 

Ventura Pons ha vuelto en forma. Ha vuelto tomando las riendas de un proyecto planteado con las cualidades que él mejor domina, y ha vuelto a Quim Monzó aunque no a ‘El perquè de tot plegat’, con la que sólo se asemeja por el despiece de múltiples breves historias en su primer tercio, y en la mordacidad controlada de algunos pasajes, pero con una desconfianza muy superior sobre el vivir y el mundo en que todo transcurre, y con muchísima más libertad formal.

 

Para comenzar, por la estructura, dividida en tres periplos: el primero, breves que no leves apuntes de la condición humana entre los que destacaré dos. Una historia de escritor y trepa teñido de Dafnis Balduz al desnudo, excelente actor acechando a Francesc Orella. La evolución de su mirada de hiena divina, de la inocencia al poder, es antología de actor. Y una segunda historia, la de Julieta Serrano post mortem, arrancándose la vida, el papel pintado y las uñas si cabe, en un angustioso tour de force digno de Polanski y Catherine Deneuve.

 

Pero luego ‘Mil cretins’ da dos tumbos espectaculares: el primero un homenaje a la escuela noucentista de los forillos pintados teatrales catalanes, rescatados del Institut del Teatre, con los que construir un puñado de bobinas breves film d’art, homenaje también al origen del cine y sus grandes relatos de la historia resumidos en cuatro gestos pintados a mano. Casi un Rohmer y casi suicida, por su humor tan tontito como lo era la gesticulación de Asta Nielsen.

 

La media hora final es cuento nórdico, sobre el toc toc de la muerte a la puerta, en el que el autor –¿cuál… Ventura, Monzó, Jordi Bosch, todos?– observa el disparate de sobrevivir demasiado como el triunfo del fracaso o el fracaso del triunfo del genio humano. Pons echa mano de su conocimiento meticuloso del mundo actoral catalán y arranca de su retiro a una pareja de veteranos jubilados: Borrás y Molina, valientes, sensacionales en su decrepitud impostada. Libertad, libertad formal, libre de modos y ataduras.

Alex Gorina

Guía del Ocio

El estreno de El perquè de tot plegat (1995), película basada en el libro homónimo de Quim Monzó, supuso un importante punto de inflexión en la carrera de Ventura Pons, que, tras debutar con un valioso testimonio contracultural -Ocaña, retrat interminent (1978)-, parecía hasta entonces cómodo en un registro de comedia urbana y ligera. El cineasta ganó en ambición y sed de desafíos y compartió generosamente con su público su irreprochable paladar como consumidor cultural omnívoro, a través de arriesgadas adaptaciones de textos teatrales o narrativos o de musicales tan notables y heterodoxos como El gran Gato(2003). La celebración de los 25 años de su productora le ha llevado a retomar el talismán Monzó, con resultados desiguales.

 

Mil cretins adapta nueve cuentos de la última recopilación de Monzó, a los que se suman textos procedentes de Olivetti, Moulinex, Chaffoteaux et Maury, El perquè de tot plegat y El millor dels mons. Pons no lo tenía fácil: la escritura de Monzó ha llegado a tal grado de depuración que pensar en un casting supone ya una traición inevitable. Cada uno de sus relatos es como una frágil pero precisa pieza de origami: traducirlo a imágenes es transformar el origami en aparatosa escultura de bronce. En la pantalla, algunos de los relatos parecen lo que nunca fueron: una ocurrencia, solo una idea ingeniosa.

 

Pons divide su película en tres partes. En la primera, diversos relatos de Monzó construyen un mapa interconectado de mezquindades, miserias, humillaciones y crueldades en sordina. La segunda -la más ingenua en las decisiones de estilo que toma el director- agrupa ese tipo de piezas donde el escritor, al desarticular situaciones arquetípicas de la tradición literaria, se acerca al Robert Coover de Zarzarrosa. La tercera lo cierra todo a través de un único relato donde las obsesiones que recorren el libro de Mil cretins -la vejez, la decadencia de los padres- se colocan en primer plano para dar forma a la pieza más rotunda de un puzle irregular.

Jordi Costa

El País

Años después de haber emprendido un giro muy personal con la sugestiva El perquè de tot plegat / El porqué de las cosas (1994), Ventura Pons vuelve a adaptar relatos de Quim Monzó, caracterizados por su capacidad reflexiva, irónica y desmitificadora. El film se estructura, a partir de esos quince relatos, en dos grandes bloques entre un prólogo y un epílogo (o tercer bloque, según se mire) no menos significativos. El primero de esos bloques atiende historias de ahora mismo, definidas y observadas por / desde la cotidianidad, generalmente dotadas de un palpable humor negro y una ácida consideración de la mediocridad humana, destacando dos pequeñas obras maestras: el relato del maduro escritor (Francesc Orella) enfrentado al joven aprendiz, y la minuciosa tarea de la anciana señora (Julieta Serrano), desmontando su hogar… y su propio cuerpo. El segundo, de una gran belleza y concebido como claro homenaje al cine saliente, revisita una serie de personajes y fábulas del pasado y de la tradición humana cuyas contradictorias enseñanzas llegan hasta nuestros días: la anunciación a María, la bella durmiente del bosque, Guillermo Tell, Robin Hood, etc.

 

La combinación de ambos estilos, capaz de provocar un curioso extrañamiento, así como la complementaria mirada de los respectivos tratamientos y referencias - la familia, la economía, la propiedad, la escuela, la buena educación, el sexo, el éxito social, el suicidio… - evidencian la vocación de respeto de Ventura a los textos de Monzó y, al mismo tiempo, su capacidad de riesgo, no sólo por el malestar o la desazón que provocan personajes y diálogos, nada ajenos a un severo desenmascaramiento de la sandez humana, sino también por la osadía de cambiar de registro y trasladarnos de un lenguaje a otro (y eso que los fondos de ese cine mudo, que invita a pensar en Segundo de Chomón y en Meliés, son sencillamente maravillosos) sin apenas concesiones en uno u otro universo. Un film insólito, pues, culto y vitriólico, que cuenta con brillantes interpretaciones y nos transmite la perfecta sintonía entre escritor y cineasta. Sin olvidar, como de costumbre, la excelente partitura de Carles Cases. No dejéis de verla y escucharla, por que aun producida con la ayuda de las televisiones, su disfrute en una sala de cine es suculentamente mayor. Salvo para determinada clase de cretinos…

Antoni Llorens

Cartelera Turia

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